En la reciente conferencia de prensa matutina, Laura Poy, del periódico Columna Digital, formuló una pregunta directa al secretario Marcelo Ebrard sobre el progreso del Plan México, que fue implementado por la presidenta Claudia Sheinbaum antes de asumir el cargo. Poy inquirió específicamente: “¿en qué porcentaje de avance se encuentra el Plan respecto a sus metas finales?” Sin embargo, en vez de proporcionar un porcentaje claro, Ebrard optó por defender el Plan con cinco afirmaciones, algunas de las cuales se demuestran correctas, mientras que otras no.
Primero, Ebrard mencionó un “ritmo de inversión extranjera directa muy elevado,” cifra que se sostiene al considerar que la IED alcanzó los 23,591 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, una cifra récord. Su segundo punto, la disminución de la inflación, también es cierto. No obstante, en su tercer argumento, la afirmación de que las exportaciones automotrices están en un proceso de diversificación se contradice con la realidad, ya que las importaciones estadounidenses de autos y autopartes mexicanas se redujeron en 11% en el mismo trimestre, lo que refleja una pérdida de mercado más que un crecimiento diversificado.
Asimismo, Ebrard afirmó que sin el Plan México “no habría anuncios como los que estamos teniendo en la actualidad.” Este argumento es parcialmente cierto, dado que las inversiones anunciadas, aunque prometedoras, requieren un análisis más profundo. Por ejemplo, Pedro Rivas, vicepresidente de Mercado Pago México, anunció una inversión planificada de 4,600 millones de dólares en 2026, que generará 8,500 nuevos empleos directos. Además, Jimena Escobedo, subsecretaria de Industria y Comercio, contabilizó 22 proyectos autorizados superiores a 2,000 millones de pesos.
Un aspecto positivo del Plan México es la reducción del tiempo de respuesta de COFEPRIS, que ha pasado de 100 a 24 días, junto con la reciente introducción de la Plataforma Nacional de Establecimientos Mercantiles, que simplifica la creación de empresas al reducir requisitos y tiempos de espera significativamente.
Sin embargo, Ebrard también hizo referencia al impacto del Plan en el crecimiento económico, sugiriendo que sin él “estaría en menos algo en crecimiento.” Este comentario se enfrenta a datos que indican que el PIB creció solo un 0.4% en el primer trimestre de 2026, soberbio contraste con las proyecciones que esperaban un crecimiento mucho más robusto. La inversión privada también presentó una caída de 4.5% solo en enero, y la inversión fija bruta muestra un descenso continuo de 17 meses, situándose un 10% por debajo de los niveles de mediados de 2023.
Dada esta situación, queda pendiente la respuesta a la pregunta inicial de Poy sobre el progreso real del Plan México. Ebrard, al optar por no ofrecer cifras concretas, refleja una falta de respaldo en los datos disponibles, lo que plantea interrogantes sobre la efectividad del Plan en curso. Un secretario de Economía que tenga control sobre sus cifras no debería recurrir a escenarios hipotéticos, lo que sugiere un deseo de evitar la exposición de resultados no favorables.
A medida que se sigue evaluando el impacto del Plan, el futuro de las inversiones y el crecimiento económico en México dependerá de decisiones que se tomen en el corto plazo y de una mayor claridad en los resultados y compromisos asumidos. La discusión está abierta y el desarrollo de este contexto será crucial para la próxima etapa económica del país.
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