El Centro Histórico de la Ciudad de México se prepara para convertirse en un vasto museo al aire libre, un destino inigualable que ofrece una ventana hacia la rica herencia cultural del país. Actualmente, se pueden explorar 42 ventanas arqueológicas instaladas en esta icónica área de la capital, que revelan vestigios de épocas pasadas bajo el asfalto y dentro de edificios históricos.
Raúl Barrera Rodríguez, encargado del Proyecto de Arqueología Urbana del Instituto Nacional de Antropología e Historia, destacó la importancia de estas excavaciones: “No todo el mundo tiene esta riqueza; nosotros sí. Debemos cuidarla, investigarla y mostrarla”. Este esfuerzo es fundamental en una región donde la historia y la modernidad conviven.
Las ventanas arqueológicas son esencialmente excavaciones que permiten a los transeúntes vislumbrar los restos de antiguas civilizaciones. Entre estas se encuentran aquellas localizadas a las afueras de la Catedral Metropolitana, donde los visitantes pueden observar elementos precolombinos que permanecen intactos en el suelo del atrio.
A pesar de que algunos de estos espacios están abiertos al público, muchos requieren atención especial, ya que algunos edificios se encuentran en obra y no cumplen con las condiciones adecuadas para la visita. Barrera señala que la meta es lograr que, en un futuro, todas las ventanas sean accesibles, permitiendo un mayor aprovechamiento de este patrimonio.
Las áreas más concurridas, como las ubicadas en la calle Argentina, permiten a los visitantes admirar estructuras resguardadas por vitrinas de cristal, aunque algunos vecinos han expresado frustración por el escaso mantenimiento, sugiriendo que estos espacios solo reciben atención “cada dos años”. Además, se han quejado del comercio informal y la acumulación de basura en los alrededores, dificultando la apreciación completa de este patrimonio.
El INAH aclara que el cuidado de las estructuras externas y los materiales no depende directamente de ellos, sino que es responsabilidad del gobierno local, mientras que ellos se encargan de los vestigios arqueológicos, asegurando que están bajo vigilancia constante.
Entre los hallazgos más significativos de este proyecto se incluye la Casa del Marqués del Apartado, donde se descubrió la primera ventana arqueológica de la región, así como importantes restos debajo de la Catedral Metropolitana que datan de periodos anteriores a la llegada de los españoles.
El Proyecto de Arqueología Urbana, creado en 1991, tiene como cometido supervisar la remodelación y construcción de nuevos inmuebles en el Centro Histórico, con un enfoque en la preservación de la herencia cultural. A través de un enfoque continuo y sistemático, se han realizado descubrimientos esenciales que respaldan el valor histórico de la zona.
Bajo la vigilancia del INAH, cada hallazgo se convierte en una oportunidad para educar al público sobre la historia rica y compleja de la Ciudad de México, desde los vestigios del Templo Mayor hasta estructuras encontradas en el desarrollo de nuevos edificios en la región. Con esta visión, el Centro Histórico no solo preserva su pasado, sino que también se prepara para ofrecer a las generaciones venideras una conexión tangible con su rica historia cultural.
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