La emblemática Torre Eiffel cerró sus puertas el pasado lunes debido a una ola de protestas generada por el trato recibido por trabajadoras durante una visita de una delegación hinduista, un hecho que rápidamente se volvió viral. La polémica se desató después de que se informara que las mujeres empleadas fueron ordenadas a dejar sus puestos y evitar ser vistas, siguiendo una solicitud de la organización BAPS Swaminarayan Sanstha, vinculada estrechamente al partido nacionalista del primer ministro indio Narendra Modi. La noticia fue reportada el 9 de septiembre de 2026, confirmando así las preocupaciones sobre la discriminación de género en un lugar que es un símbolo de la igualdad en Francia.
El día siguiente, la Torre volvió a abrir sus puertas, pero no antes de que se desatara una tormenta de críticas hacia la dirección del monumento. Los trabajadores rechazaron estas órdenes, argumentando que el acto de marginar al personal femenino era “serio y profundamente contrario a los valores de igualdad y no discriminación.” En un país que valora profundamente la equidad, el trato a las trabajadoras ha quedado, hasta ahora, en el ojo del huracán, llevando a muchas voces a pedir un cambio en la forma en que se gestionan estas situaciones.
El alcalde de París, Emmanuel Gregoire, se alineó con los empleados y prometió una investigación sobre el incidente. En un post en redes sociales, subrayó que “la igualdad entre mujeres y hombres nunca se detendrá a los pies de nuestros monumentos históricos, ni en ninguna parte de esta ciudad.”
La controversia tuvo lugar después de que miembros de la BAPS, invitados a celebrar la inauguración de un nuevo templo en Francia, solicitaran limitaciones en las interacciones con mujeres. Esta demanda, aunque discutible en su esencia, fue cumplida por la gerencia de la Torre, lo que resultó en el desplazamiento de trabajadoras por hombres, un cambio que fue considerado inadmisible por muchas figuras políticas en el país. La candidata presidencial de extrema derecha, Marine Le Pen, declaró enérgicamente en redes sociales que “en Francia, nunca aceptaremos que la presencia de mujeres sea ‘limitada.’”
Por su parte, Ariel Weil, presidente de la sociedad que gestiona la Torre, catalogó el desplazamiento de trabajadoras como “totalmente inaceptable,” prometiendo su propia investigación sobre la interpretación que se dio a las solicitudes de la delegación religiosa. En un esfuerzo por calmar la situación, la organización BAPS emitió un comunicado expresando su pesar por cualquier inconveniente causante de la situación, aclarando que, a su leal saber y entender, “en ningún momento se impidió el acceso a la Torre Eiffel.”
Este incidente ha levantado, sin lugar a dudas, interrogantes esenciales sobre el manejo de las situaciones laborales en lugares icónicos que deben reflejar los valores de su nación. La Torre Eiffel, un símbolo no solo de Francia, sino de igualdad, se encuentra, hoy más que nunca, en el centro de un debate sobre el género y los derechos laborales.
Actualización: Este artículo se basa en hechos actuales al 9 de septiembre de 2026.
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