El ataque con coche bomba en una instalación militar de Cúcuta, ciudad fronteriza con Venezuela, vuelve a mostrar la cara del pasado violento en Colombia, que ya venía asomando con masacres y asesinatos de líderes sociales durante el Gobierno de Iván Duque. Tras más de un mes de un estallido social que ha dejado al menos medio centenar de muertos y denuncias de brutalidad policial.
Al menos 36 militares resultaron heridos el martes, tres de ellos de gravedad. En la brigada había “un grupo reducido de militares estadounidenses realizando entrenamiento con una unidad colombiana”. Según la embajada de EE UU, ninguno resultó lesionado.
El presidente Iván Duque dijo que se trató de “un ataque cobarde y miserable”. Anunció una recompensa de 500 millones de pesos (135.000 dólares) y el apoyo de un grupo especializado del FBI en la investigación. “Se va a redoblar el plan muralla en la zona de frontera con el apoyo de todas las autoridades” y “el patrullaje conjunto con el Ejército”, dijo.


