El amanecer en el Viejo San Juan es un espectáculo cautivador, donde las olas del Atlántico rompen suavemente contra las murallas históricas. A lo lejos, la imponente fortaleza de Castillo San Felipe del Morro se erige como un centinela protector de la bahía, mientras un grupo de turistas aguarda ansioso a su guía en la Plaza del Quinto Centenario. Han decidido explorar la esencia de la capital de Puerto Rico a través de un tour culinario que promete estimular no solo el gusto, sino también la vista, el olfato, el oído y el tacto, en línea con la campaña “Awaken Your Senses” de Discover Puerto Rico.
Pablo García Smith, conocido localmente como “WikiPablo”, les da una cordial bienvenida. Integrante de The Spoon Experience, Pablo entrelaza con destreza datos históricos con su pasión por la cocina. Todo comienza con un aroma inconfundible que emana del Café Don Ruiz, ubicado en el Cuartel de Ballajá. Sus granos, cultivados en las montañas de Yauco, prometen un viaje de sabor; el primer sorbo de un cortado revela notas de cacao y nueces, mientras que una Mallorca—un pan dulce relleno de jamón y queso—ofrece un equilibrio perfecto entre lo dulce y lo salado.
El Viejo San Juan es, sin duda, un museo al aire libre, pero también una mesa repleta de ricas tradiciones culinarias. Sus encantadoras calles albergan historias cocinadas a fuego lento, donde ingredientes taínos, técnicas españolas y sazones africanos convergen en armonía. En el siguiente destino, el Patio del Níspero en el Hotel El Convento, los visitantes disfrutan de un bacalaíto acompañado de un refrescante mojito de sandía, contemplando la majestuosa Catedral de San Juan Bautista.
La tercera parada lleva al grupo a Deaverdura, un restaurante que rinde homenaje a la cocina criolla. Ahí, el suave pernil se sirve con arroz, habichuelas y tostones de plátano, complementado con un trago de ron Palo Viejo. Las calles del Viejo San Juan, adornadas con banderas puertorriqueñas y vibrantes fachadas, invitan a los visitantes a descubrir boutiques y galerías locales.
El recorrido continúa en Juanes, un restaurante familiar donde el mofongo, un plato emblemático de la isla, brilla en su esplendor. Este apetitosa mezcla de plátano verde frito se presenta rellena de pollo marinado, acompañada de Medalla Light, una cerveza icónica de Puerto Rico. La despedida de Pablo está llena de orgullo, habiendo compartido con pasión los sabores de su tierra.
Sin embargo, el viaje no termina ahí. A unos 20 minutos en auto, la Hacienda Santa en Bayamón ofrece una mirada fascinante a la tradición del Ron del Barrilito, uno de los destilados más importantes de la isla desde 1880. Ahí, los visitantes tienen la oportunidad de aprender sobre el proceso de elaboración y participar en clases de mixología que incluyen la famosa piña colada.
Al caer la noche, la vida se transforma en la Plaza del Mercado de Santurce, conocida como La Placita. Durante el día, este espacio funciona como mercado, pero al anochecer se llena de vida con ritmos de salsa, plena y reguetón. En medio de este bullicio, una viajera captura un mural de Bad Bunny, símbolo de la cultura contemporánea puertorriqueña. Un amable taxista, Francis Carrasquillo, la lleva a su próximo destino: La Factoría, un bar oculto en el Viejo San Juan que ofrece un ambiente único donde bailes y sabores se entrelazan en un festín nocturno.
Así concluye esta experiencia inmersiva en San Juan, un recorrido que no solo despierta los sentidos, sino que también invita a los visitantes a celebrar la rica herencia cultural y gastronómica de Puerto Rico.
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