En el contexto de la escalada de tensiones en Ucrania, al menos siete personas perdieron la vida y aproximadamente 30 resultaron heridas tras ataques rusos el pasado lunes 29 de junio de 2026. Las autoridades locales informaron que misiles y drones rusos impactaron varias localidades en el este y el sur del país, mientras que Kiev intensificaba su campaña para afectar la infraestructura energética en el territorio ruso.
Uno de los ataques más devastadores se registró en la ciudad de Dnipró, donde un misil ruso causó la muerte de cinco personas y dejó 28 heridos, cuatro de ellos en estado crítico. El proyectil impactó en una empresa privada, un blanco habitual de las fuerzas rusas en esta región industrial.
Simultáneamente, en la ciudad de Zaporiyia, un dron alcanzó un autobús, resultando en la muerte de dos personas, entre ellas un niño, y provocando seis heridos más. Estas ofensivas son parte de la campaña casi diaria de Rusia desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, un conflicto que ha cobrado un alto costo humano en Europa.
En respuesta a los reiterados ataques rusos, Ucrania ha intensificado sus propios ataques de largo alcance, dirigidos a territorio ruso y zonas ocupadas. Durante una aparición en televisión estatal, el presidente Vladimir Putin admitió que su país enfrenta problemas de suministro de combustible debido a estos ataques ucranianos, prometiendo reforzar la seguridad de las instalaciones petroleras y acelerar las reparaciones necesarias.
Los bombardeos rusos han tenido un impacto significativo en la vida cotidiana, generando una grave crisis energética en Rusia. Este desabastecimiento se ha traducido en largas filas en las estaciones de servicio y la implementación de medidas de racionamiento en diversas regiones. En Crimea, recientemente anexada por Moscú, se suspendieron las ventas de gasolina a civiles. En Siberia, se limitó la venta de combustible a 50 litros por vehículo al día en las estaciones gubernamentales.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, ha confirmado que sus ataques han golpeado refinerías rusas importantes, reduciendo así los recursos de la maquinaria bélica enemiga. Por otro lado, las autoridades rusas siguen resistiendo a las propuestas ucranianas de un alto al fuego que limitaría los combates a las cuatro regiones parcialmente anexadas por Moscú: Donetsk, Luhansk, Kherson y Zaporizhzhia.
A medida que las hostilidades se intensifican, la población civil sigue siendo la más afectada. La situación en la región se torna cada vez más crítica, mientras las perspectivas de paz parecen distantes y las operaciones militares continúan afectando a miles de personas en ambos lados del conflicto.
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