Las derrotas militares no tardan en cobrarse su precio político. Con el vergonzoso revés militar sufrido en Járkov sobre sus espaldas, llegó Vladímir Putin a Samarcanda (Uzbekistán) el jueves para asistir a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái y a la vez entrevistarse por primera vez con el presidente chino, Xi Jinping, desde que empezó su guerra en Ucrania. Ni la prudencia de las declaraciones ni las profesiones de amistad y de solidaridad expresadas entre ambos mandatarios pudieron ocultar la nueva posición de subordinación del belicoso y declinante presidente ruso respecto al pujante y astuto presidente chino, dispuesto a aprovechar el encuentro de la organización internacional asiática patrocinada por Pekín para reforzar su imagen como líder global, a un mes del XX Congreso del Partido Comunista en el que se prepara su tercera reelección como líder de la segunda economía mundial.
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