Hace aproximadamente una década, un destacado desarrollador en Santa Fe vivió una experiencia reveladora al intentar presentar un ambicioso proyecto de 600 departamentos ante una alta funcionaria de la Ciudad de México. La respuesta fue clara y contundente: le pidió que redujera su plan a la mitad simplemente porque “son muchos”. Este tipo de restricciones se han reflejado en el mercado inmobiliario, donde la escasez de oferta ha llevado a un aumento sostenido en los precios.
Los que tuvieron la oportunidad de adquirir propiedades en esos años han visto cómo su inversión ha crecido considerablemente. Algunos amigos del desarrollador vendieron sus departamentos iniciales y se mudaron a opciones más cómodas, incluso fuera del país, mientras que otros que no pudieron comprar todavía esperan con la esperanza de una mejora en sus circunstancias.
En un análisis más amplio, los datos del Banco de Pagos Internacionales (BIS) revelan que, desde 2010, los precios de las viviendas en México han experimentado un incremento del 52% en términos reales, ajustados por inflación. Este fenómeno es notable en comparación con otros países. Por ejemplo, en Brasil, los precios de las viviendas han disminuido, y España ha registrado solo un leve incremento del 1% en el mismo período. Las manifestaciones en ese país se atribuyen a un aumento reciente del 18% en los precios de las viviendas, un reflejo de las fluctuaciones extremas que pueden afectar el mercado inmobiliario.
Mientras tanto, el índice del BIS destaca que las economías emergentes han visto un aumento del 11% en los precios de la vivienda en los últimos 15 años, subrayando la singularidad de la situación en México. Los poseedores de propiedades en el país deben sentirse agradecidos por esta racha de valorización, aunque el Banco de México parece haber prestado poca atención al tema hasta ahora.
Al revisar las actas de las reuniones de la Junta de Gobierno del Banco de México, queda claro que, hasta hace poco, la vivienda no era una preocupación prioritaria. En una minuta de hace tres años, el crédito a la vivienda se describió como “con una expansión moderada.” Sin embargo, han comenzado a notar el fenómeno global de la persistencia en los precios de servicios como la vivienda.
Los gobiernos actuales han denunciado lo que llaman “cárteles inmobiliarios”, acusados de corrupción y complicidad con administraciones anteriores. Este es un buen primer paso, pero para realmente hacer una diferencia en los precios, se deben flexibilizar las regulaciones de construcción y fomentar la producción de materiales de construcción a nivel federal.
Regalar casas puede ser una solución temporal, pero la historia muestra que tales medidas son a menudo efímeras. Para abordar el problema de raíz, es fundamental adoptar un enfoque estratégico que beneficie a todas las partes involucradas, incluidos aquellos que ya son propietarios y enfrentan sus propios desafíos en un entorno de precios crecientes.
En suma, el mercado inmobiliario en México se presenta como un fenómeno distintivo en medio de tendencias globales más sombrías. Los propietarios de vivienda deben mantenerse atentos a los cambios y a las políticas que podrían influir en el futuro de sus inversiones. Y ante todo, es esencial que las medidas para controlar los precios sean sostenibles y efectivas en el largo plazo, en vez de soluciones temporales.
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