El 28 de febrero de 2026, el liderazgo iraní sufrió un golpe devastador con la muerte del ayatolá Alí Jamenei, un ataque atribuido a un bombardeo aéreo israelí que dejó al mundo asombrado. Esta operación, que muchos consideran un hito en la guerra moderna, se llevó a cabo tras un intricate sistema de piratería de cámaras de vigilancia en Teherán, lo que permitió a los servicios de inteligencia israelíes trazar un mapa preciso de los movimientos de Jamenei y sus asesores.
El incidente tuvo lugar en un complejo residencial de Teherán, donde Jamenei se preparaba para una reunión de altos mandos de seguridad. El impacto del ataque no solo resultó en la muerte del líder supremo, sino que también se cobró la vida de varios generales y miembros del alto mando iraní. Según analistas militares, este evento marca un antes y un después en la dinámica de poder en el Medio Oriente, potenciando la posición de Israel de manera sin precedentes.
Yossi Yehoshua, un especialista en defensa del diario Yedioth Ahronoth, subrayó que la capacidad de los servicios de inteligencia israelíes para realizar “decapitaciones selectivas” ha mejorado notablemente en los últimos meses. Esta tendencia se ha evidenciado tras el ataque del movimiento islamista palestino Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, que desató un conflicto en la Franja de Gaza. Desde entonces, la lista de figuras eliminadas por operaciones israelíes no ha dejado de crecer, abarcando desde líderes de Hamás hasta miembros del proiraní Hezbolá y figuras relevantes en Yemen.
El reconocimiento de la eficacia de esta operación se reflejó en la cobertura mediática, donde figuras influyentes de Israel afirmaron que este ataque se estudiará en academias militares a nivel mundial. Los detalles sobre cómo se llevó a cabo siguen emergiendo, con informes indicando que la CIA proporcionó información crucial sobre la ubicación de Jamenei en la mañana del ataque. Se reveló además que las cámaras de circulación en Teherán habían sido comprometidas durante años, lo que facilitó la vigilancia de los hábitos del líder iraní.
Un reporte del Financial Times menciona que, incluso en los momentos previos al ataque, decenas de teléfonos móviles en el área fueron controlados para prevenir cualquier reacción defensiva por parte de Jamenei y su guardia. Aún con estas medidas, algunos críticos señalan que Jamenei no vivía en la clandestinidad y que estaba en una situación vulnerable en el momento del ataque.
La reacción de los funcionarios iraníes no se hizo esperar. Esmail Baghai, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, resaltó la percepción de sacrificio del líder, aludiendo a su valentía por mantenerse activo en la primera línea de acción política. Mientras tanto, analistas internacionales comentan que aunque la pérdida de una figura central en el régimen iraní podría parecer decisiva, el juego geopolítico en el Medio Oriente es complejo y la partida política no concluye con la eliminación de una sola pieza clave.
A medida que las operaciones avanzan, aún queda por ver el impacto a largo plazo de esta intervención en el equilibrio de fuerzas en la región. Lo que está claro es que el asesinato de Alí Jamenei reconfigura no solo la narrativa en torno a los conflictos en el Medio Oriente, sino que también eleva las capacidades del Mosad y reafirma la influencia israelí en un entorno geopolítico cada vez más volátil.
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