Los exploradores españoles del siglo XVI se toparon entre los densos manglares de Florida (EE UU) con unos amenazantes y gigantescos reptiles nunca vistos antes por ellos. Así que por similitud con los peninsulares ―aunque no precisamente por tamaño― los denominaron lagartos, un vocablo que se introdujo en el inglés como alligator, derivando directamente de “el lagarto”, como se gritaba cuando aparecía un ejemplar en el inestable y peligroso camino de reconocimiento.
Este es uno de los ejemplos que el Queen Sofía Spanish Institute ―una organización sin ánimo de lucro que promueve el interés de EE UU en su legado cultural hispano― ha hecho público en el estudio How American English Has Been Shaped by Spanish (La influencia del español en el idioma de Estados Unidos), aprovechando la próxima celebración el 4 de julio del Día de la Independencia. “La gastronomía, la historia o la arquitectura son grandes ejemplos de la gran importancia del mundo hispano en EE UU. Una herramienta que también revela, y con mucha claridad, ese legado hispano que es el idioma. No solo porque la lengua española ha estado presente en lo que es hoy Estados Unidos desde el comienzo de su historia, sino por la huella que ha dejado en el propio idioma del país”, afirman.
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La palabra barbecue (barbacoa) llegó a las casas con jardín estadounidenses desde el Caribe, un sustantivo con el que los indígenas taínos de la actual República Dominicana denominaban a la estructura de madera con la que cocinaban los alimentos. Los españoles desconocían el artilugio, así que adoptaron su nombre y en 1518 ya aparece en documentos que relatan los primeros viajes a América. Los castellanohablantes modificaron su significado y comenzaron a utilizarlo para referirse al proceso de cocción de los alimentos y a la propia comida cocinada.
El primer registro en inglés del vocablo está fechado en 1697, aunque se refería a él sorprendentemente como “lugar para dormir”, nadie sabe por qué. Cosas de los británicos. En 1773, comenzó a acercarse en inglés al significado que le habían dado los españoles, y ya se hacía referencia en sus diccionarios como “reunión social en la que se asaba carne”. Luego los estadounidenses cambiaron su grafía y empezó a aparecer como barbeque, BBQ o, Bar-B-Que, además de otras variaciones en las cartelerías de las cadenas de restaurantes de comida rápida de todo el mundo.
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Al igual que la palabra barbacoa, los españoles absorbieron de las culturas caribeñas el sustantivo huracán (hurikan, en su original), que utilizaban los nativos para “referirse a las grandes tormentas y fenómenos meteorológicos”, según reflejaron los cronistas de América. Con este significado fue adoptado por el español en el siglo XVI y popularizado por los ingleses como hurricane. A los tornados, en cambio, los españoles los llamaban en el siglo XVI tronadas o tormentas.
Como Estados Unidos es el país con más tornados del mundo, adaptó esta palabra de origen latino, tornare o tronitum, que significa torcer o girar. En el siglo XVII, tornado comenzó a identificarse en inglés con un “torbellino extremadamente violento”. Finalmente, a mediados del siglo XIX, los estadounidenses se quedaron con el vocablo, pero ya lo definieron como “nubes embudo rotatorias destructivas de las grandes llanuras”.


