Cuando uno va a pelearse al callejón con una banda rival lo hace acompañado de los hooligans más probados, es lógico. Y por ello es comprensible que cuando Putin (que de niño se fajó a golpes y trompazos en las calles de San Petersburgo) se disponía a lanzar la invasión de Ucrania, llamara a su mejor secuaz para la faena. Hablamos de uno de los hombres más feroces sobre la faz de la antigua Unión Soviética: Ramzán Kadírov, presidente de Chechenia e hijo del dirigente checheno que permitió a Putin doblegar esa república.
La nota precedente contiene información del siguiente origen y de nuestra área de redacción.


