En un mundo donde el arte y la naturaleza a menudo se ven separados, la Fondation Beyeler, un museo de arte moderno ubicado cerca de Basilea, Suiza, ha dado un paso audaz al nombrar a Rahel Kesselring como la primera curadora botánica de una importante institución artística. Esta innovadora designación, respaldada por el Chanel Culture Fund, tiene como objetivo replantear la relación entre el arte contemporáneo y el mundo natural, que, en décadas pasadas, había sido relegado a un segundo plano.
Tradicionalmente, la historia del arte se ha caracterizado por un enfoque en géneros que priorizan la figura humana y grandes temas religiosos o mitológicos, dejando a la naturaleza como un telón de fondo en los paisajes que suelen retratar la condición humana. En el siglo XVI, incluso en la rica tradición de la naturaleza muerta holandesa, la representación de plantas y animales servía más como un espejo de nuestras propias preocupaciones que como un homenaje a la diversidad natural.
Sin embargo, el panorama del arte está cambiando. En la última década, conceptos como la ecología, el cambio climático y la justicia social han empezado a ocupar un lugar central, pero a menudo de manera superficial. Los críticos advierten que el llamado “giro ecológico” en el arte corre el riesgo de convertirse en una tendencia curatorial que ignora la urgencia de la crisis medioambiental. El desafío es que, a pesar de las exposiciones enfocadas en la naturaleza, los elementos concretos de ecosistemas —como plantas, suelos y sistemas de agua— a menudo se quedan fuera del marco.
Desde su nombramiento en noviembre de 2025, Kesselring ha estado considerando cómo las instituciones museísticas pueden integrarse con el mundo botánico de una manera más auténtica. Ella sugiere que para tomar en serio a las plantas, las instituciones deben encontrarse con ellas en su propio terreno, adaptándose a sus ritmos naturales y a su naturaleza cambiante, algo que contrasta con el control y la previsibilidad típicos de la administración museística.
Kesselring imagina su labor no como una mera curatoría botánica, sino como un punto de convergencia donde el conocimiento artístico y el botánico pueden entrelazarse de manera genuina. La Fondation Beyeler, rodeada de un paisaje diverso que incluye parques y reservas naturales, sirve como un “sistema vivo” donde se puede explorar la relación entre el arte y el entorno.
Al abordar su nueva posición, Kesselring es cautelosa; no busca presentar la naturaleza como una serie de abstracciones, sino como una realidad material que exige un compromiso pragmático. “Diseñar con plantas y estar con la naturaleza”, dice, puede ser una manera fácil para las instituciones de mostrar su buena voluntad, pero este enfoque puede carecer de la profundidad necesaria para una relación sustantiva con el entorno.
Su enfoque también requiere una colaboración inusual, que incluye desde jardineros hasta arquitectos, proporcionando un enfoque a largo plazo hacia la ecología y el compromiso del público. Kesselring prevé que esta “fricción generativa” podría llevar a redescubrir formas de participación que van más allá de lo convencional y que efectivamente desafían nuestras nociones de lo que debería ser un jardín.
Al final, se plantea una pregunta fundamental para el futuro del arte: ¿están las instituciones dispuestas no solo a hablar sobre la ecología, sino a escucharla? La reciente llegada de Kesselring marca un punto de inflexión, sugiriendo que el arte y la naturaleza podrían converger de maneras que revitalizan tanto el espacio artístico como la conexión con el medio ambiente.
La presidenta de artes, cultura y patrimonio de Chanel, Yana Peel, enfatiza que este apoyo a la curaduría botánica está más arraigado en la historia del arte que en una mera moda contemporánea por lo ecológico. La relación entre arte y naturaleza, según Peel, ha sido una fuente inagotable de inspiración a lo largo de los años, y su revitalización en esta dirección podría representar un momento decisivo para el futuro de las interacciones entre las comunidades humanas y el mundo natural.
Este planteamiento será crucial a medida que avanzamos hacia una mayor conciencia y acción sobre la crisis ecológica actual.
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