México enfrenta un desafío sanitario que no se había visto en décadas. El sarampión, tras 30 años de calma relativa, ha resurgido con fuerza, poniendo a prueba la eficacia de nuestro sistema de salud. La doctora Samantha Gaertner Barnard, directora del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (CENSIA), ofreció un panorama alarmante sobre esta situación en el reciente Foro Técnico Sarampión en México, organizado por la Asociación Mexicana de Vacunología. En su intervención, enfatizó la urgencia de una estrategia de vacunación bien dirigida para hacer frente a esta emergencia.
Para entender la vulnerabilidad actual de la población mexicana, es fundamental revisar lo que ocurrió en el pasado. En los difíciles años de 1989 y 1990, el país atravesó una epidemia de sarampión que superó los 89,000 casos. Tras una intensa campaña de vacunación iniciada en 1973, México logró eliminar el sarampión autóctono en 1996. Sin embargo, el virus nunca desapareció por completo del mundo. La doctora Gaertner advirtió que, a pesar de su ausencia en las cifras nacionales, el sarampión ha continuado circulando a nivel global. La irregularidad en las coberturas de vacunación en los últimos años ha contribuido a la actual situación, al no alcanzar el 95% de inmunidad poblacional necesario para prevenir brotes.
Hasta la fecha, se han reportado 9,074 casos confirmados acumulados en el periodo 2025-2026, con 953 casos activos y 28 defunciones. Los estados más afectados son Jalisco, Chiapas, Ciudad de México y Puebla. Un dato alarmante es la alta contagiosidad del virus: una persona enferma puede contagiar a hasta 18 individuos, lo que sitúa al sarampión como una de las enfermedades más transmisibles, superando por mucho al Covid-19.
La doctora Gaertner también delineó quiénes son los grupos prioritarios que deben vacunarse para “cortar la cadena de transmisión”. Se recomienda el esquema de vacunación básico para los más pequeños, que incluye una primera dosis a los 12 meses, seguida de una segunda a los 18 meses. En zonas de alta transmisión, se implementa la “dosis cero” para bebés de 6 a 11 meses, que protegerá temporalmente, aunque no cuenta para el esquema completo. También se debe vacunar a niños y adolescentes rezagados y a adultos de hasta 49 años que no hayan recibido al menos una dosis.
El personal clave, incluyendo médicos, maestros y jornaleros agrícolas, debe recibir una dosis de refuerzo, independientemente de su estado de vacunación previo. Sin embargo, se indica que las personas mayores de 50 años, generalmente inmunizadas por haberse expuesto al virus antes de 1973, y aquellos con un esquema de vacunación completo, no necesitan acudir a los centros de salud.
La respuesta no se limita a la vacunación en clínicas; el gobierno ha comenzado a implementar acciones como el “bloqueo vacunal”, que se activará en las primeras 24 horas después de detectado un caso, y el “barrido documentado”, donde se visitan las áreas cercanas para garantizar que todos estén vacunados y protegidos.
La doctora Gaertner concluyó señalando que, si todos comprenden la importancia de la vacunación, se podrá cortar la transmisión del virus. La vacuna es un recurso seguro y gratuito, crucial para evitar que 2026 se convierta en un año trágico en términos de salud pública. No sólo podría revertirse el estatus de México como país libre de sarampión, sino que se corre el riesgo de encaminarse hacia una nueva era de enfermedades endémicas. Por ello, la responsabilidad de mantener este avance recae en la participación activa de la población en los programas de vacunación, buscando alcanzar el objetivo del 95% de cobertura en los grupos de riesgo y, así, frenar la propagación del virus.
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