El Oriflame, un navío español que naufragó en 1770 cerca de la costa de Chile, continúa siendo un enigma que atrae la atención de historiadores y cazatesoros. Este buque, que en su último viaje transportaba una valiosa carga de 1.478 cajones de delicada cristalería creada en la Real Fábrica de la Granja de San Ildefonso, así como joyas y otros objetos, se hundió con todos sus tripulantes el 18 de febrero. A pesar de los numerosos intentos de recuperación, su carga permanece en el fondo del océano Pacífico.
En 2005, una empresa de cazatesoros declaró haber localizado el sitio del naufragio, generando una intensa disputa legal sobre la propiedad de la carga. Según el análisis de Vicente Ruiz García, experto en historia naval, el valioso contenido del Oriflame pertenecería a la Real Hacienda de la monarquía española, es decir, al Estado español. Sin embargo, la afirmación se ve cuestionada por la complejidad de la situación legal.
El navío, originalmente un buque de guerra francés llamado Oriflame, fue capturado por los ingleses y posteriormente usado como mercante. En su último viaje, realizaba una misión que, de haber sido encomendada a un buque de guerra, habría garantizado inmunidad soberana. Pero la decisión de utilizarlo como barco comercial ha desdibujado esas fronteras legales, lo que ha llevado a interpretaciones diversas sobre la propiedad del cargamento.
Los intentos del virrey de Lima para recuperar el tesoro solo lograron recuperar unas pocas decenas de cajones. Las tierras del naufragio nunca olvidan, y así, la carga quedó olvidada, aunque no del todo. Ruiz García sostiene que, en caso de recuperación, la pregunta sobre a quién pertenecen los objetos sería sumamente complicada. Cada uno de los 1.658 cajones tiene múltiples propietarios identificados en registros históricos, y hallarlos hoy en día podría ser una tarea casi imposible.
Además, existen complicaciones adicionales: el seguro de la carga y derechos de herencia que se han diluido a lo largo de las generaciones. Aunque el Estado español podría reclamar la carga, el pecio en sí mismo ha sido declarado como un patrimonio de la humanidad.
En un contexto global donde se discuten los derechos sobre bienes culturales y patrimoniales, el caso del Oriflame destaca como un reflejo de las tensiones entre patrimonio nacional, derechos individuales y la historia compartida de la humanidad. Mientras avanza el tiempo y el debate persiste, el misterioso legado del Oriflame no solo sigue sumergido en el olvido, sino que también nos invita a reflexionar sobre cómo reclamamos y resguardamos nuestra historia.
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