LONDRES – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado la creencia de que su país debe ser un espacio exclusivo para estadounidenses, mientras que el dólar estadounidense, al ser la moneda más poderosa del mundo, debería ser accesible para todos los países. A través de Twitter, Trump advirtió que cualquier intento de un grupo de economías emergentes, conocido como BRICS, de establecer una nueva moneda o respaldar alguna que compita con el dólar enfrentará aranceles del 100%.
Sin embargo, esta opinión no es compartida por todos. Stephen Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos de Trump, argumenta que el predominio del dólar ha causado distorsiones en el mercado cambiario y ha contribuido a déficits comerciales difíciles de sostener. Esta postura es respaldada por otros economistas alineados con el enfoque de “Hacer América Grande Otra Vez” (MAGA).
La creciente demanda global de dólares refuerza su valor. Aunque Trump considera que un dólar fuerte beneficia a un país fuerte, hay preocupación de que esta fortaleza puede afectar la competitividad de la industria estadounidense, lo que podría resultar en la pérdida de empleos.
Recientes estudios indican que el dólar se ha convertido en un “privilegio exorbitante” para Estados Unidos, pues se utiliza como reserva a nivel global. La Reserva Federal estima que más de un billón de dólares en efectivo está en manos de extranjeros, lo que representa el 45% de toda la moneda en circulación. Esto permite a Estados Unidos recaudar recursos a un costo menor, beneficiándose del denominado “señoreaje”.
El uso internacional del dólar también genera beneficios indirectos. Por ejemplo, cuando un americano paga un hotel en el extranjero con dólares, el hotelero puede utilizar esos mismos dólares para financiar su viaje a Estados Unidos. Si durante el transcurso del año los precios en Estados Unidos aumentan, esto equivale a recibir un préstamo con una tasa de interés negativa.
Además, el atractivo de los bonos del Tesoro estadounidense permite que los gobiernos extranjeros los consideren una garantía en transacciones financieras, aunque su rendimiento sea inferior al de otros instrumentos de deuda con un riesgo comparable. En 2024, se estimó que casi 8.6 billones de dólares de la deuda federal estaba en manos de inversores internacionales, lo que a su vez permite que Estados Unidos ahorre miles de millones en intereses.
Durante un discurso en el Hudson Institute, Miran reconoció que la demanda de dólares ha mantenido bajas las tasas de interés en las que Estados Unidos puede endeudarse, pero omitió señalar que esta dinámica también afecta las tasas de interés de la deuda estadounidense. Un valor débil del dólar, seguido de problemas económicos, puede disminuir el peso de las deudas, un fenómeno que no afecta a otros países que están endeudados en su propia moneda.
La moneda estadounidense no solo es beneficiosa para Estados Unidos. En el contexto global, la disponibilidad de activos seguros en dólares es vital, ya que ninguna otra economía del mundo proporciona un servicio igual.
La zona euro, aunque ofrece una alternativa, enfrenta retos debido a su mercado de capitales fragmentado, y el renminbi chino no ha sorprendido a los inversores debido a la falta de garantías en torno a la política económica del país.
Históricamente, las instituciones y políticas estadounidenses han mostrado mayor confiabilidad comparadas con otras naciones, lo que ha consolidado al dólar como la moneda de referencia. Sin embargo, las acciones del actual gobierno, que incluyen políticas arancelarias y disputas diplomáticas, podrían estar erosionando esta percepción.
La reacción a las acciones de Trump fue inmediata: el valor del dólar cayó casi un 7% frente al euro, y las tasas de los bonos del Tesoro también experimentaron un aumento significativo. Las monedas de los países emergentes se devaluaron, reflejando el impacto negativo de las tensiones comerciales y una economía global en desaceleración.
El panorama se complica para los economistas que apoyan el enfoque de Trump, dado que una hipotética desaparición del dólar como moneda global generaría repercusiones para muchas naciones alrededor del mundo.
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