En un momento de crisis para la crítica literaria en el Reino Unido, el futuro de las humanidades en las universidades se encuentra en una encrucijada. En junio de 2023, la Universidad de Exeter anunció planes que podrían resultar en la reducción de aproximadamente un tercio de su departamento de inglés, uno de los más reconocidos del país. Mientras tanto, otras instituciones, como la Universidad de Canterbury Christ Church, han decidido eliminar por completo sus programas de grado en inglés.
El panorama se vuelve aún más desolador al observar que desde el año 2000, el número de estudiantes que eligen el A-level de literatura inglesa ha disminuido en aproximadamente un 33%, alcanzando las 36,000 inscripciones, con una caída aún más pronunciada entre los varones. Esta tendencia se puede atribuir a diversos factores: la creciente dificultad del acto de leer en comparación con el tiempo que muchos dedican a las redes sociales o a los videojuegos, junto con una crítica literaria que muchas veces se presenta en formas inaccesibles y densas, lo que aleja a una nueva generación de lectores.
Además, las ofertas en los cursos de A-level han cambiado; los examinadores compiten por captar alumnos, y muchos docentes optan por textos más cortos y sencillos que prometen mejores resultados en los rankings académicos. A medida que las concepciones del valor educativo se vuelven más utilitarias, el miedo entre los jóvenes a acumular deudas estudiantiles les ha llevado a cambiar el rumbo hacia áreas como los estudios empresariales, cuyo número de estudiantes ha crecido a 45,000 desde los 30,000 de 2005.
La pregunta sobre la relevancia de la crítica literaria ha cobrado fuerza, y muchos defensores del campo sostienen que este puede justificarse únicamente si se traduce en beneficios económicos o empleos. Las habilidades transferibles que se obtienen del estudio de la literatura, como la empatía y el análisis crítico, son presentadas como atributos valorados en el mundo laboral, aunque tal argumentación puede diluir la esencia del arte literario.
La crítica literaria se basa en la conexión entre el texto y la experiencia humana. Se trata de un proceso que involucra leer detenidamente una obra y establecer vínculos que pueden parecer extraños al inicio, pero que revelan la profundidad del trabajo del autor. Los críticos literarios actúan como intermediarios, iluminando los matices en las palabras y transmitiendo esa percepción a los demás.
Una destacada figura en esta esfera ha sido Helen Vendler, cuya obra ha sido un faro para aquellos que luchan por entender la poesía. Su último libro, “Inhabit the Poem”, es una colección póstuma de ensayos que explora la riqueza de la poesía, desde John Donne hasta Ocean Vuong. Vendler, fallecida en abril de 2024, defendía que la crítica literaria era un medio para disfrutar y entender la complejidad inherente de las obras.
En sus escritos, a menudo comenzaba con la descripción de su encuentro inicial con un poema, en ocasiones con una sensación de desconcierto. Esto refuerza la idea de que la crítica es un ejercicio humano, lleno de errores y revaluaciones. Aunque la crítica a menudo exige un enfoque analítico riguroso, también crea una oportunidad para que el lector se sumerja en las experiencias que esos textos pueden ofrecer.
Sin embargo, el entorno actual de la crítica enfrenta un cuestionamiento fundamental. A raíz de los debates contemporáneos sobre la representación y la inclusión en la literatura, la perspectiva de Vendler, a menudo vinculada a un enfoque más introspectivo de la poesía, ha sido objeto de escrutinio. Algunos críticos sugieren que su visión tradicional no siempre se alinea con la urgencia de las voces contemporáneas que claman por un cambio social. A pesar de ello, su contribución ha dejado una huella perceptible en la forma en que se aborda la crítica literaria.
La crítica literaria es fundamental para cultivar una comprensión profunda de obras complejas y puede abordar tanto la subjetividad personal como la historia cultural. En última instancia, su esencia reside en la disposición de los críticos a asumir riesgos en su análisis y a mantener un sentido de humildad respecto a las interpretaciones ajenas. Esta es una habilidad que se necesita urgentemente en un mundo donde la toma de decisiones se basa cada vez más en información fragmentada.
El futuro de las humanidades podría depender de una reevaluación de los enfoques tradicionales de la crítica literaria, reevaluando su papel dentro de un contexto educativo que a menudo se siente amenazado. En este nuevo paisaje, la crítica podría y debería servir como un espacio para el diálogo y el descubrimiento, asegurando que la riqueza de la literatura no solo persista, sino que también se revalorice en un mundo en constante cambio.
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