La ópera “El niño y los sortilegios”, una colaboración entre Maurice Ravel y la talentosa escritora Sidonie-Gabrielle Colette, se ha vuelto a presentar con renovada fuerza en el Jardín Escénico Chapultepec. En la conmemoración de su centenario, esta obra, famosa por su capacidad de reflexionar sobre los claroscuros de la naturaleza humana, ha sido adaptada para resonar con las nuevas generaciones.
El montaje, dirigido por el destacado barítono Marcelo Lombardero y con la coordinación artística de la mezzosoprano Cassandra Zoé Velasco, ha integrado tecnologías modernas que atraen la atención de los más jóvenes. El escenario inicia con un ambiente contemporáneo: grandes teclas de computadora y una silla “gamer” rodean a un niño absorto en un videojuego, donde el acompañamiento del piano en vivo establece una atmósfera envolvente.
A medida que avanza la trama, el niño recibe un mensaje de su madre que le recuerda la necesidad de hacer sus tareas y comportarse. Su reacción es explosiva, iniciando una rabieta destructiva que añade un nivel de tensión dramática. La auditory, desde el butacón complaciente a los muebles decorativos, cobran vida para expresar su deseo de liberarse del “malvado niño”. Esta interacción lúdica se expande a objetos y seres alrededor, que comienzan a relatar sus propias tristezas y sufrimientos a manos del protagonista.
La conexión entre la audiencia y los personajes es palpable. Los pequeños espectadores se sienten inmersos en la historia, repitiendo palabras y expresándose ante las travesuras del niño. En esta narración profunda, él es confrontado con el caos que ha desatado, generado no solo por su mal comportamiento, sino por la soledad y el abandono que lo envuelven.
A medida que los animales y plantas emergen de la oscuridad, las verdades sobre amor y responsabilidad son reveladas. Aunque el niño es inicialmente visto como un villano, su bondad es eventualmente reconocida cuando se recuerda que ha ayudado a un ser necesitado. Este cambio culmina en un clímax emocional donde el público, conmovido por la representación, brinda una ovación prolongada al elenco.
La respuesta entusiasta de los asistentes, incluyendo a padres que valoran estas experiencias culturales con sus hijos, subraya la importancia de acercar a las nuevas generaciones al arte de la ópera. A pesar de los desafíos de la lengua y las diferencias en la interpretación, las reacciones positivas de los espectadores más jóvenes indican un camino hacia el futuro.
“El niño y los sortilegios” continuará su experiencia cautivadora en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, con funciones programadas para los días 28 y 29 de junio a las 12 y 14:30 horas. La entrada es accesible, con un costo de 150 pesos, lo que resalta el esfuerzo por hacer del arte un espacio inclusivo y educativo.
La ópera no solo revive una historia clásica, sino que se convierte en un puente entre generaciones, invitando a la reflexión sobre el comportamiento humano mientras entretiene a una audiencia diversa.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


