Hasta hace poco, la pregunta que dominaba el análisis económico era: ¿cómo es posible que el peso mexicano se mantuviera sorprendentemente fuerte en medio de guerras, incertidumbres políticas relacionadas con el T-MEC, reformas judiciales y la presión de las calificadoras? Sin embargo, a finales de septiembre de 2026, este “embrujo” se desvaneció, llevando a nuevas interrogantes: ¿Qué está sucediendo en el contexto global y local? ¿Es un problema de México o un fenómeno mundial? ¿Cuánto tiempo más durará esta caída en el valor del peso y hasta dónde podría llegar?
Los analistas enfrentan un panorama impreciso, donde el tipo de cambio se ha vuelto tan impredecible como el comportamiento de un huracán. Para ponerlo en contexto, el peso mexicano se cotizaba a 16.45 por dólar el 4 de abril de 2024. Para finales de ese mismo año, el cambio había escalado a 20.82. Sin embargo, en marzo de 2026, el peso se apreció a 18.10, iniciando un ciclo descendente que culminó el 3 de septiembre, cuando alcanzó su mejor cotización del año, 16.89 por dólar. Pero en lo que va de septiembre, se ha observado una depreciación del 7% frente al dólar, cerrando el 29 de septiembre con un tipo de cambio de 18.08 pesos por dólar.
Este cambio de tendencia ha llevado a algunos a argumentar que estamos viendo el fin del “superpeso.” Sin embargo, es crucial considerar que el fenómeno no se debe únicamente a una sobrevaloración del peso, sino que gran parte de la fortaleza del dólar estadounidense en los últimos meses se debe a su depreciación frente a otras monedas, influenciada significativamente por las decisiones de la Reserva Federal. Desde el 8 de septiembre de 2026, el dólar ha iniciado un repunte, alcanzando un aumento del 2.7% según el Dollar Index, lo que ha contribuido al deterioro del valor del peso.
Un factor clave detrás de este fortalecimiento del dólar es el reciente aumento en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, impulsado por el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh. A diferencia de las expectativas de que podría reducir las tasas, Warsh ha priorizado la lucha contra la inflación, con más incrementos en el horizonte antes de que termine el año, lo que refuerza la confianza en el dólar.
Al mismo tiempo, el incremento de la incertidumbre global, especialmente en conflictos en Oriente Medio y Ucrania, ha propiciado un “flight to quality”, donde los inversionistas mueven su capital hacia activos más seguros, como los instrumentos de deuda del Gobierno estadounidense. Este comportamiento también agrava el ciclo de depreciación del peso mexicano, que se ha visto más afectado que otras divisas, evidenciado por su 7% de pérdida frente al dólar comparado con el 2.7% de otras monedas.
Uno de los puntos de vista sobre esta depreciación es que el peso podría haber estado sobrevaluado, lo que permitiría argumentar que los movimientos actuales son simplemente un ajuste a un valor más realista. Datos comparativos, como el índice Big Mac de The Economist, muestran que los destinos turísticos en México se han vuelto relativamente más caros que otros en Estados Unidos y Europa, lo que podría indicar una corrección inminente.
Por lo tanto, la resiliencia del peso dependerá en gran medida de las decisiones que tome el Banco de México en los próximos meses. Actualmente, el tipo de cambio se sitúa cerca de los niveles de finales de 2025, donde se estimó que el dólar podría encontrarse entre 18 y 19 pesos al cierre del año. Este escenario no solo tiene implicaciones económicas, sino que podría beneficiar a ciertas familias que reciben remesas, ya que un dólar más fuerte se traduce en más pesos. Además, sectores como la industria del vestido y el calzado podrían encontrar un respiro en el mercado de exportación.
Mientras tanto, las interrogantes sobre la duración y profundidad del deslizamiento del peso persisten. Solo el tiempo y las acciones económicas podrán despejar las dudas que rondan en este entorno cambiante.
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