Los sismos son un fenómeno constante que afecta a la Ciudad de México, y su origen puede ser tanto externo como interno. Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, destaca que la capital del país alberga epicentros de sismos propios, lo que añade una capa de complejidad a su geología sísmica.
La zona poniente de la ciudad, especialmente Mixcoac, ha registrado un aumento significativo de actividad sísmica en los últimos años. Aunque este sector no es el único donde se presentan sismos de baja magnitud, sí es de los más destacados, según Quintanar. En el oriente, particularmente en el área del Lago de Texcoco y en Milpa Alta, se han reportado fenómenos sísmicos relevantes, algunos incluso de mayor magnitud que los del poniente.
Quintanar también aclara que se debe hablar de “sismos de baja magnitud”, sin una convención técnica estandarizada que los defina oficialmente. Estos sismos, que tienen una magnitud menor a 3 y una duración breve, son parte de una actividad telúrica constante en la Ciudad de México a lo largo de la historia humana. Ya en los años 80 se reportaron eventos en Mixcoac, lo que sugiere que esta actividad no es un fenómeno reciente.
La geografía del área juega un papel crucial en estos movimientos sísmicos. La urbe se localiza sobre los restos de antiguos lagos, lo que afecta la firmeza del terreno. Sin embargo, el poniente, donde se encuentran zonas como Lomas de Plateros y Barranca del Muerto, está mayormente sobre las laderas de la Sierra de las Cruces, una formación montañosa volcánica que define el límite entre el Valle de México y el Valle de Toluca. Este contexto geológico elevó la probabilidad de sismos en esta región, especialmente por el incremento demográfico que ha transformado el paisaje urbano en las últimas décadas.
Las características de los temblores varían según su ubicación. En la zona del Lago, donde se perciben con mayor intensidad, los movimientos telúricos provienen tanto de epicentros en el Valle de México como de la costa. En contraposición, los sismos en el poniente son generalmente más superficiales, con profundidades que oscilan entre uno y dos kilómetros, en comparación con los del oriente, que suelen ocurrir entre 10 y 15 kilómetros de profundidad. Esta superficialidad explica por qué estos sismos, aun siendo de baja magnitud, son percibidos con mayor intensidad.
A medida que la ciudad continúa su expansión, la comprensión de estos fenómenos se vuelve esencial. Consciente de este contexto, la comunidad científica sigue investigando y documentando la actividad sísmica, ofreciendo un panorama crucial para la preparación y prevención ante posibles eventos en el futuro. En este sentido, es vital que los ciudadanos permanezcan informados y preparados ante la realidad de que los sismos son parte integral de la vida en la Ciudad de México.
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