El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha regresado a su proyección trilateral, con la intención de extender su vigencia hasta 2042. Este desarrollo representa un cambio importante en la dinámica de las negociaciones, ya que reduce la posibilidad de que se convierta en acuerdos bilaterales. México y Canadá han expresado su apoyo a esta extensión, mientras que Estados Unidos ha indicado que continuará dialogando sobre temas cruciales como el déficit comercial, la seguridad económica y las reglas de origen, asuntos que prometen ser complejos y prolongados.
La consultoría Ansley sugiere que la administración estadounidense ya ha utilizado tácticas retóricas similares en el pasado para presionar a sus socios, lo que indica que el proceso de revisión será exhaustivo y se prolongará más allá de 2026. Según los artículos del T-MEC, México y Canadá han hecho uso de una prerrogativa del artículo 34.7, donde expresaron su interés en profundizar la integración económica de América del Norte. Este interés se traduce en una percepción positiva del T-MEC como un vehículo que ofrece estabilidad económica y atractivo para la inversión extranjera.
Ambos países subrayan la importancia del comercio trilateral, considerando a Norte América como una de las regiones más integradas a nivel mundial. En el contexto de las negociaciones, se busca alcanzar consensos que fortalezcan la competitividad regional, especialmente en lo que respecta a aranceles sectoriales y la reducción de la dependencia de Asia.
En diciembre, Jamieson Greer, titular de la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR), informó sobre la intención de utilizar la revisión conjunta para abordar tanto asuntos bilaterales como trilaterales. Las preocupaciones planteadas incluyen la aplicación de leyes laborales y ambientales en México, políticas energéticas, aspectos agrícolas y el manejo de sistemas de pago electrónico en el mercado mexicano.
Desde enero de 2026, México y Estados Unidos han iniciado reuniones bilaterales, con la próxima Tercera Ronda de Revisión del T-MEC programada para el 20 de julio en la Ciudad de México. Durante estas reuniones, una delegación empresarial mexicana acompañará el proceso, lo que refleja la importancia del sector privado en estas discusiones.
La decisión del gobierno estadounidense de reanudar las negociaciones marca el inicio de una nueva etapa. En su presentación ante los legisladores, Greer mencionó varios temas que se podrían abordar, como el refuerzo de las reglas de origen y el incentivo a la extracción y procesamiento de minerales críticos en la región.
A pesar de considerar que el T-MEC ha tenido un éxito parcial, Greer ha expresado que persisten determinadas déficits estructurales que impiden mejorar la competitividad industrial de Estados Unidos. Un simple prolongamiento del T-MEC, tal como está, no respondería a los intereses nacionales, lo que apunta a la necesidad de una negociación seria con Canadá y México.
En este contexto, se sugiere que las actuales reglas de origen no han cumplido con las expectativas de relocalización productiva hacia Estados Unidos, ni han reducido la dependencia de insumos de regiones externas, sobre todo de China. Por lo tanto, se plantea la necesidad de endurecer estas normas, con el objetivo de evitar que México se convierta en una plataforma de exportación para productos chinos.
Las consecuencias de estas negociaciones son cruciales no solo para los países involucrados, sino también para la dinámica comercial en América del Norte, haciendo de este proceso un punto álgido de interés para economistas, empresarios y legisladores.
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