El estadio Azteca, un emblema del fútbol mexicano y mundial, volvió a abrir sus puertas el 28 de marzo de 2026, en un evento marcado tanto por la nostalgia como por la desilusión. La Selección Mexicana enfrentó a Portugal en un partido que culminó en un frustrante empate 0-0, aumentando las dudas sobre el rendimiento del equipo bajo la dirección de Javier Aguirre, especialmente con miras al inminente Mundial.
La reinstalación del Azteca se produjo tras 671 días de inactividad, con la última contienda llevada a cabo en mayo de 2024, durante la final de la Liga MX. La monumental remodelación del estadio, realizada con un presupuesto de 300 millones de dólares, tuvo como objetivo revitalizar este icónico recinto que ha sido testigo de la grandeza de figuras como Pelé y Diego Armando Maradona.
No obstante, el regreso al Azteca no estuvo exento de incidentes. Antes del partido, los cierres de vialidades en el sur de la Ciudad de México generaron embotellamientos significativos en arterias como el Periférico y la Calzada de Tlalpan. Estas complicaciones fueron acentuadas por varias manifestaciones, cuyos motivos iban desde la gentrificación hasta la búsqueda de personas desaparecidas. Aunque no afectaron la logística del evento, resaltaron un contexto social complejo que trasciende el ámbito deportivo.
Dentro del estadio, la tragedia se hizo presente cuando un aficionado perdió la vida tras caer desde una altura considerable, un hecho que empañó la experiencia del regreso a uno de los escenarios más emblemáticos del deporte. La calidad de los nuevos asientos y la falta de señal celular contribuyeron también al descontento del público.
En la cancha, agobiados por la presión, los jugadores de la Selección Mexicana no lograron capitalizar su calidad sobre el terreno, lo que derivó en abucheos por parte de los aficionados hacia Aguirre y varios futbolistas. A pesar del esfuerzo desesperado del cuerpo técnico por alentar a su equipo, los ecos del descontento fueron evidentes. Las interrupciones por momentos de tensión, como un altercado entre jugadores, solo aumentaron el malestar en un ambiente que ya se había enfriado.
A pesar de ciertas gestas aplaudidas por el público, como la entrada de Álvaro Fidalgo, la mayoría de las reacciones fueron negativas, reflejando un vínculo aún frágil entre la afición y el equipo. Este partido no solo sirvió para renovar la historia del Azteca, sino también para poner de manifiesto la necesidad urgente de que la Selección Mexicana reconecte con su fanaticada.
El próximo encuentro del Tri en este emblemático escenario está programado para el 11 de junio, enfrentando a Sudáfrica en la apertura de la Copa del Mundo 2026. Cuestionamientos persisten: ¿podrán superar la desilusión y restaurar la fe de su afición en el escaso tiempo que tienen por delante? El reloj avanza y la expectativa crece.
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