El informe anual de Amnistía Internacional (AI) señala un alarmante incremento en las ejecuciones en varios países, siendo Irán, Arabia Saudita e Irak los principales responsables de esta tendencia. En 2024, Irán lideró la lista con al menos 972 ejecuciones, un aumento respecto a las 853 del año anterior. Arabia Saudita experimentó un aumento significativo, alcanzando las 345 ejecuciones, la cifra más alta registrada en el país. Irak, por su parte, cuadruplicó sus ejecuciones, llegando a 63.
A pesar de la falta de datos oficiales, AI destaca a China como el “principal verdugo del mundo”, indicando que miles de personas han sido ejecutadas en el país, aunque las autoridades no revelan cifras. También se menciona la preocupación por la pena de muerte en Corea del Norte y Vietnam, aunque la información sobre ambos países es limitada.
Arabia Saudita, bajo la dirección del príncipe heredero Mohammed bin Salman, ha incrementado el uso de la pena capital, especialmente contra la disidencia política. Un ejemplo de ello es la ejecución de Abdulmajeed al-Nimr, un miembro de la minoría chií que participó en protestas antigubernamentales. En Irán, las ejecuciones relacionadas con las protestas de 2022, como la de Mohammad Ghobadlou, un joven con problemas de salud mental, también han sido condenadas internacionalmente.
AI también subraya que más del 40 % de las ejecuciones en 2024 estuvieron relacionadas con delitos de drogas, especialmente en países como Singapur y China, donde la pena de muerte es una herramienta común para enfrentar el narcotráfico. Sin embargo, la organización critica la falta de evidencia que demuestre que esta práctica reduce el narcotráfico y advierte sobre su impacto desproporcionado en las clases más desfavorecidas.
En cuanto a Estados Unidos, AI destaca un ligero aumento en las ejecuciones, con 25 en 2024. Sin embargo, también se observa una tendencia preocupante en algunos estados, como Alabama, que introdujo el uso de gas nitrógeno para ejecutar a condenados, un método controvertido por su potencial de causar sufrimiento extremo.
A pesar de estos datos alarmantes, AI observa señales de esperanza. En 2024, solo 15 países aplicaron la pena de muerte, lo que marca una disminución en comparación con años anteriores. Además, la tendencia hacia la abolición sigue creciendo, especialmente en África, donde Zimbabue aprobó una ley que elimina la pena capital, salvo en casos de estado de excepción.
Este panorama muestra tanto la persistencia de la pena de muerte en ciertos países como los esfuerzos internacionales hacia su abolición, destacando la importancia de seguir promoviendo los derechos humanos y el fin de este castigo en todo el mundo.
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