La desigualdad en México ha alcanzado niveles alarmantes, particularmente evidenciados por el crecimiento de la fortuna de los 22 hombres más ricos del país, quienes acumulan una riqueza colectiva que ya asciende a 219,300 millones de dólares, es decir, alrededor de 3.9 billones de pesos. Esta cifra, reportada en un estudio reciente, resalta una concentración de riqueza que crecerá por encima de la actividad económica nacional, subrayando la disparidad económica que afecta a millones de mexicanos.
A lo largo de tres décadas, la fortuna de estos milmillonarios se ha multiplicado por 4.2 veces, impulsada por un crecimiento anual promedio de 8.8%, notablemente superior al crecimiento de la economía mexicana en su conjunto. Esta tendencia no solo refuerza la desigualdad existente, sino que plantea preguntas sobre la sostenibilidad del modelo económico imperante, que beneficia a un pequeño grupo en detrimento del bienestar general.
Carlos Slim se mantiene como la figura más prominente en esta lista, consolidándose no solo como el hombre más rico de México, sino también de América Latina y el Caribe. A noviembre del año pasado, su fortuna alcanzó un nivel sin precedentes de 107,100 millones de dólares. Su influencia se extiende más allá de las telecomunicaciones, involucrándose también en importantes asociaciones con Petróleos Mexicanos (Pemex), en proyectos vinculados al sector de petróleo y gas.
El informe también aborda una dimensión menos visible pero igualmente crítica: la desigualdad en el uso del tiempo. Se revela que la riqueza no solo confiere ventajas económicas, sino también tiempo libre. Así, mujeres en la franja del 10% más pobre del país dedican un promedio de 11.5 horas a trabajos de cuidados no remunerados, en contraste con las 8 horas que destinan las mujeres en el 1% más rico. Esta desigualdad está ligada tanto a cuestiones de género como a clase social, marcando una diferencia palpable en la calidad de vida y el tiempo disponible para el desarrollo personal y profesional.
El contexto en el que se presenta esta realidad es un país donde las limitaciones en el transporte público y los recursos escasos crean un cúmulo de obstáculos para quienes luchan por salir adelante. Las mujeres en el estrato más bajo de ingresos no solo deben lidiar con la carga del trabajo no remunerado, sino también con la falta de oportunidades para el estudio y el empleo.
El informe invita a reflexionar sobre la necesidad urgente de reformas que respondan a esta acumulación extrema de riqueza y poder. En un entorno donde las desigualdades se acentúan, es crucial que el Estado y la sociedad tomen medidas que promuevan la equidad y la justicia económica, garantizando que el progreso no sea un privilegio de unos pocos, sino un derecho de todos.
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