▲ Rodrigo Moya en la inauguración de la exposición Cuba 1964: La Revolución en Marcha, en el Museo de Historia de Tlalpan, Ciudad de México, 2018.Foto Roberto García Ortiz
Con profunda tristeza, el mundo cultural se ha volcado en muestras de duelo por la muerte de Rodrigo Moya, un destacado fotógrafo cuyas imágenes han sido testigos y testimonios de la historia de México y Latinoamérica. Su hijo, Pablo, confirmó que Moya fue cremado el pasado jueves, cumpliendo así con su último deseo. Aunque no se llevó a cabo un velorio formal, la familia planea un íntimo encuentro para recordar y despedir a quien dejó una huella perdurable en el fotoperiodismo.
“Pasando estos días tormentosos vamos a organizar algo en su casa para recibir a sus amigos y despedirlo juntos”, comentó Pablo Moya. Además, expresó su esperanza de que, con el tiempo, más personas se interesen en el valioso archivo que su padre construyó durante décadas, el cual representa un legado vital para entender la historia reciente de la región.
El archivo, según Pablo, se encuentra en impecable estado y bien organizado. Su esposa, Susan Flaherty, asumirá la responsabilidad de custodiarlo, asegurando que se preserve el cariño y dedicación que ambos le entregaron desde su creación hace 25 años. Aunque todavía es prematuro discutir sobre posibles planes futuros, él se muestra decidido a mantener esa rica colección “viva y activa”.
Guillermo Angulo, fotógrafo colombiano y amigo cercano de Moya, compartió su tristeza: “Deja un conjunto de negativos que son la historia de México y de parte de Latinoamérica”. Destacó la firme postura política de Moya, quien nunca renegó de su compromiso con los más desfavorecidos, una postura que se refleja en su célebre obra Guerrilleros en la niebla.
Angulo agregó que el gobierno mexicano debería tomar acciones para proteger y preservar la invaluable colección de Moya, que juega un rol crucial en la historia del arte en el país.
“Conocí a Rodrigo en los años 50”, recuerda Angulo en conversación con un medio local. “Él era un hábil fotógrafo de televisión y yo, el jefe de fotógrafos de la revista Impacto. Decidimos compartir conocimientos: él me enseñó sobre cámaras de televisión y yo, sobre el proceso de revelado de negativos. La primera vez que vio una imagen aparecer parecía un niño maravillado”.
Demostrando una inusual generosidad, Moya siempre atribuyó su aprendizaje a Angulo, aunque este último sostiene que la fotografía es inmensamente personal y no necesariamente se puede enseñar.
Desde diferentes instituciones también se han expresado respecto a su invaluable legado. La Secretaría de Cultura federal reconoció a Moya como una “figura esencial del fotoperiodismo latinoamericano”, cuyo trabajo documentó las luchas sociales y los movimientos revolucionarios en décadas pasadas. Cultura UNAM recordó una de sus declaraciones más profundas: “La fotografía fue para mí la aproximación más intensa a la vida, a la naturaleza del mundo, a seres y cosas que entraron por mi lente…”.
Rodrigo Moya falleció el miércoles en su hogar de Cuernavaca, Morelos, tras un periodo de convalecencia tras una cirugía, dejando tras de sí un legado poderoso y significativo que trasciende el tiempo.
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