El paisaje ha sido un fiel compañero en la vida del pintor cubano Tomás Sánchez, nacido en Cienfuegos en 1948. Desde su infancia, capturó en dibujos la naturaleza que lo rodeaba, guiado por el amor a la naturaleza que sus padres le transmitieron. Este vínculo con el entorno se ha mantenido a lo largo de su carrera, incluso durante épocas difíciles, que incluyen problemas de salud que lo llevaron a observar el mundo desde una ventana de tren mientras viajaba a consultas médicas. Las visiones de ríos y niños jugando se han transformado en recuerdos que recrea en su obra.
Sánchez, cuyo trabajo se refleja en el reciente catálogo titulado “Tomás Sánchez: Colecciones mexicanas”, publicado en 2026, ha explorado el paisaje a lo largo de su trayectoria artística. Este volumen, que incluye 128 obras, cuenta con textos del reconocido escritor Guillermo Arriaga y la galerista Nina Menocal, quien fue clave para abrir el mercado mexicano al artista.
A pesar de que durante su formación en la Academia de San Alejandro recibió la influencia del expresionismo y el pop art, el amor por el paisaje nunca lo abandonó. Esta conexión se intensificó tras su práctica de yoga y meditación, que le permitieron experimentar una paz interna que después visualizaba en sus paisajes. Así, su arte evolucionó hacia un enfoque más personal donde sus paisajes son una fusión de memorias que ahora integran no solo la esencia cubana, sino también elementos de México, Brasil, Costa Rica y Nueva York.
Sánchez, además de ser pintor, se destaca como fotógrafo y grabador. Su recorrido artístico refleja una transición desde la representación de escenas cotidianas de su pueblo a la exploración de la naturaleza. Un punto de inflexión en su carrera fue su descubrimiento de pintores como Andrew Wyeth, quien le demostró que el paisaje podía ser contemporáneo, y Caspar David Friedrich, cuyas obras aún resuenan en su práctica.
Aunque el artista realiza fotografías, se aparta de la etiqueta de fotorrealista. Asegura que su proceso creativo no depende de referencia fotográfica, aunque usa objetos de la naturaleza, especialmente en contextos más ecológicos. Su arte no solo ha abordado la belleza del paisaje, sino también la necesidad de expresar la conexión con la naturaleza y la preocupación por el ecologismo.
El color en sus obras tiene profundas raíces en su tierra natal, Cuba, y han sido influenciadas por artistas como Antonia Eiriz y James Ensor, lo que llevado a la creación de piezas vibrantes y automáticas que emergen de su subconsciente.
El año pasado, una complicada intervención médica lo dejó con importantes secuelas, pero su pasión por la pintura no ha menguado. Después de la hospitalización, regresó a la creación con un renovado deseo y una reflexión más profunda sobre su arte. Aunque ahora pinta menos horas al día, su mente está inundada de nuevas ideas, con ansias de crear nuevamente grandes obras.
Sánchez continúa siendo un faro para aquellos que buscan en el paisaje no solo un sujeto de representación, sino una experiencia profundamente introspectiva que invita a todo espectador a contemplar no solo el entorno, sino también su relación con él.
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