La humanidad se encuentra en una encrucijada, marcada por un aumento palpable de las guerras, el odio y la división. En un mundo donde el futuro parece plagado de amenazas existenciales, algunos de los líderes más influyentes parecen más supervillanos que héroes. Priviligiar el poder desmesurado y la fuerza bruta ha reemplazado muchas veces a los principios de negociación y cooperación. En este contexto, reflexionar sobre cómo hacer el bien populariza una idea que hoy podría considerarse poco convencional, incluso naïf.
El politólogo Jorge Tamames plantea que la salida a esta crisis pivotante requiere de un compromiso colectivo hacia una vida más cohesionada. La ética, según él, no es un concepto obsoleto, sino una necesidad política y social urgente. En su libro, aboga por la instauración de un servicio de cooperación social obligatorio, un tipo de experiencia que podría unir a personas de diversas procedencias para enfrentar retos colectivos, como la crisis medioambiental.
Markus Gabriel, un filósofo alemán de renombre, sostiene que el capitalismo puede ser ético. En su obra, Gabriel presenta la ambición de un nuevo contrato social en el que la actividad económica y el bienestar social vayan de la mano. Al proponer que el bien debe ser rentable, insta a que las empresas reconozcan su poder para contribuir a la mejora de la sociedad, sugiriendo que las iniciativas éticas no son solo ideales, sino estrategias comerciales viables.
A su vez, el ensayista Rutger Bregman critica un sistema laboral que, en ocasiones, produce lo que el antropólogo David Graeber denominó “trabajos de mierda”: aquellos que, aún siendo prestigiosos y bien remunerados, no aportan valor a la sociedad. A través de su libro “Ambición moral”, Bregman subraya la importancia de redirigir talentos hacia causas que realmente importen, instando a los individuos a aspirar a un “éxito laboral ético” que beneficie a la comunidad.
Frente a esta realidad, surge la pregunta: ¿por qué no hacerlo juntos? Tamames propone, en una de sus últimas obras, la creación de un servicio civil universal. Este esfuerzo no se limita a ser una alternativa a la mili, sino que busca la cooperación intergeneracional y la eliminación de jerarquías mediante la colaboración en proyectos que beneficien a la comunidad.
Pero el pesimismo imperante, el denominado “malismo”, presentado por el artista Mauro Entrialgo, desafía estas propuestas. Este fenómeno se define como una estrategia comunicativa que glorifica actitudes éticamente cuestionables. En la cultura popular contemporánea, los villanos parecen obtener más atención que los héroes. En este contexto, creer en una solución colectiva y en el bien común puede parecer ingenuo, pero es vital reconocer que los problemas más acuciantes de nuestra época requieren un regreso a la ética y a la colaboración social.
Todo esto se encuentra en una dinámica de cambio, ilustrando que hacer el bien no solo es posible, sino también necesario. La posibilidad de implementar un enfoque ético en nuestras acciones y decisiones económicas puede ser la clave para superar la apatía y el desencanto que marcan nuestra época.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


