Las remesas dinerarias, el dinero que los mexicanos envían desde el exterior, presentan un panorama ambivalente. Según datos recientes del Banco de México (Banxico), en febrero de 2026, las remesas alcanzaron la cifra de 4.468 millones de dólares, lo que representa un leve aumento del 0.4% respecto al año anterior. A primera vista, esta mejora podría interpretarse como un signo positivo. Sin embargo, al observar los números con detenimiento, se revela un retroceso del 2.74% en comparación con enero de 2026, cuando se registraron 4.594 millones de dólares.
La situación es preocupante, ya que los mexicanos en el extranjero están enviando menos dinero a sus familias. Durante el mismo mes, el reporte indicó que se realizaron 11.3 millones de transacciones, con un envío promedio de 395 dólares, lo que contrasta con los 401 dólares promediados en enero. Esta caída del 3.2% en el envío promedio también señala una tendencia a la baja en el apoyo financiero que los migrantes brindan a sus seres queridos en México.
Gabriela Siller, directora de análisis económico de Grupo Base, advierte sobre la necesidad de interpretar el crecimiento anual de febrero con cautela. Destaca que han pasado 24 meses sin observar crecimientos anuales sostenidos en las remesas, lo que sugiere un panorama más incierto de lo que las cifras iniciales pueden indicar.
Si se analiza el monto acumulado de remesas en los últimos 12 meses, este se mantiene prácticamente sin cambios. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026, el total llegó a 61.727 millones de dólares, solo marginalmente superior al acumulado de 61.710 millones de dólares del mismo periodo anterior.
Este estancamiento en el crecimiento de las remesas está intrínsecamente ligado al aumento de migrantes no autorizados de origen mexicano en Estados Unidos. Después de once años de crecimiento continuo, las remesas recibidas en México han experimentado una caída promedio del 4% en términos de tasa anual. Esto subraya un cambio significativo en las dinámicas de apoyo económico que las familias mexicanas han dependido durante años.
En conclusión, aunque los datos de febrero puedan ofrecer un resquicio de esperanza, la tendencia general sugiere un escenario más complejo y menos optimista. El apoyo financiero desde el extranjero, una columna vertebral para muchas familias en México, muestra señales de desgaste que podrían tener un impacto duradero en la economía familiar y en el bienestar social en general. Es fundamental seguir monitoreando esta situación para entender sus repercusiones en el futuro.
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