En marzo de 2026, el envío de remesas a México experimentó una notable recuperación, marcando un hito en la economía del país. Según el Banco de México (Banxico), las remesas, la principal fuente de divisas en la nación, crecieron un 4,9% en comparación con el año anterior, alcanzando un total de 5.394 millones de dólares en este mes. Este aumento viene tras un inicio de año que vio caídas consecutivas en los dos meses anteriores, rompiendo así una tendencia de declive que se había mantenido durante nueve meses en el año precedente.
Durante el primer trimestre de 2026, las remesas acumuladas sumaron 14.457 millones de dólares, un ligero incremento respecto a los 14.254 millones de dólares enviados en el mismo periodo de 2025, lo que representa un aumento anual del 1,4%. Este dato es destacable, ya que corresponde al total más alto registrado para un mes de marzo desde que Banxico comenzó a documentar estos envíos en 1995.
La dinámica de las remesas también ha cambiado. Aunque el número de transacciones se redujo en un 3,6%, los mexicanos en el extranjero, especialmente en Estados Unidos, han aumentado el monto promedio de sus envíos. En marzo, se registraron 12,9 millones de transacciones, con un promedio de 417 dólares por envío, comparado con los 395 dólares de febrero. Esta tendencia sugiere que los connacionales envían cantidades mayores pero con menor frecuencia.
La preferencia por las transferencias electrónicas ha crecido de manera drástica. En el primer trimestre de 2026, el 99% de los envíos se realizaron de forma electrónica, totalizando 14.311 millones de dólares, lo que contrasta notablemente con el 0,8% que corresponde a remesas en efectivo y el 0,2% en especie y money orders. Este cambio hacia métodos más digitales podría ser visto como una respuesta a las presiones y regulaciones del entorno financiero actual.
Sin embargo, el contexto de estas remesas es complejo. En Estados Unidos, el gobierno ha cuestionado el envío de dinero al relacionarlo con un aumento en el número de migrantes indocumentados, en particular de mexicanos. Además, ha surgido la preocupación sobre el uso de estas remesas en prácticas financieras ilícitas, lo que ha llevado a un escrutinio más cercano por parte de las autoridades americanas.
Con este panorama, las remesas siguen siendo un pilar fundamental en la economía mexicana, reflejando no solo la resiliencia de las comunidades migrantes, sino también un cruce entre la necesidad económica y el escrutinio regulatorio internacional. A medida que el país avanza en 2026, es crucial observar cómo estas tendencias se desarrollan y qué impacto tendrán en el futuro de la economía mexicana.
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