El Mundial de Fútbol 2026 se perfila no solo como un evento deportivo masivo, sino como un catalizador económico que promete transformar diversas industrias en México. Este análisis se centra en el alcance de dicho impacto y en cómo el país puede aprovechar las oportunidades que surjan.
Desde 2017, conceptos como nearshoring, friendshoring y reshoring han acaparado la atención, evidenciando la expectativa de que México se convierta en un destino privilegiado para inversiones que buscan abastecer al mercado estadounidense. Sin embargo, los números han mostrado que, a pesar de las proyecciones, la Inversión Extranjera Directa (IED) en 2013 alcanzó un máximo histórico de 48 mil millones de dólares, y desde entonces ha fluctuado, logrando apenas 40 mil millones de dólares este año.
La expectativa en torno al Mundial es diferente. De acuerdo con estudios recientes, se estima que este evento generará una aportación de 2,730 millones de dólares al valor agregado nacional, lo que equivale al 0.14% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Además, se proyecta la creación de 112,200 empleos temporales, representando el 0.19% del empleo total en México. A nivel de inversión, se espera que 480 millones de dólares se destinen a infraestructura, con el resto orientado al consumo, especialmente de turistas y el aumento en las compras locales.
Aunque el impacto se sentirá con mayor fuerza en las tres ciudades sede, las repercusiones se extenderán a nivel nacional, fomentando actividades como reuniones familiares y eventos en lugares públicos y restaurantes. Las cifras de derrama económica anticipan 847 millones de dólares en Ciudad de México, 385 millones en Jalisco, 350 millones en Nuevo León y aproximadamente 668 millones en otros estados.
Los sectores de gastronomía y alojamiento se posicionan como los más beneficiados, proyectando un aumento en ventas de cerca del 30% durante este periodo. Para las empresas, maximizar este potencial implica una meticulosa planificación. Estrategias como reducir las fricciones en la experiencia del cliente, realizar un análisis detallado de inventarios y mantener una visión a largo plazo son fundamentales para capturar la oportunidad.
Más allá del impacto inmediato, es crucial considerar cómo este evento puede influir en el turismo a largo plazo. Históricamente, los países organizadores han visto un incremento del 23% en la llegada de turistas en los tres años posteriores al Mundial. Esto plantea una interrogante esencial: ¿Está México preparado para capitalizar este crecimiento superior?
Para ello, las empresas deben ofrecer servicios competitivos y de calidad, mientras que el sector público tiene la responsabilidad de garantizar un ambiente acogedor y seguro para visitantes y residentes, lo que incluye infraestructura adecuada y servicios eficientes.
El Mundial de 2026 se presenta, por tanto, como una oportunidad dorada. Sin embargo, el desafío radica en cómo se gestionen estos momentos para evitar repetir la historia reciente del nearshoring, donde las expectativas no se han materializado del todo. Si queremos dejar una huella real en este evento, es crucial que se aborden estos desafíos con seriedad y eficacia.
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