Francisco Zapata Nájera solo tenía una pregunta en su mente mientras permanecía atrapado en la mina Santa Fe: “¿Cómo está mi familia?”. Rescatado con vida tras 13 días de angustia este martes, su historia se ha convertido en un reflejo de la resiliencia humana ante la adversidad.
La mina Santa Fe, ubicada en el poblado de Chele, en el municipio de Rosario, Sinaloa, había caído en un derrumbe el pasado 25 de marzo, atrapando a Zapata y a otros tres mineros. Al ser encontrado, Francisco se encontraba en una cueva, con el agua hasta la cintura, sumido en la oscuridad. Un militar del Ejército Mexicano le reveló que venían a rescatarlo. La situación era crítica; inicialmente se había pensado lo peor debido a las condiciones de inundación y la falta de contacto con los atrapados.
Los primeros indicios de esperanza llegaron el 30 de marzo, cinco días después del derrumbe, cuando un primer minero, José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años, fue localizado en condiciones estables, aunque desorientado. Sin embargo, tuvieron que pasar ocho días más para que Zapata, de 42 años y originario de Papasquiaro, Durango, pudiera escuchar la voz de su rescatista. Al salir, aunque estable, presentó un cuadro severo de deshidratación que requirió atención médica urgente. La tensión en el operativo se mantiene, ya que aún hay un cuarto minero sin ser localizado.
El día después del rescate de Zapata, las autoridades encontraron sin signos vitales a uno de los compañeros desaparecidos, lo que dejó un sabor amargo. A lo largo de casi dos semanas de arduas labores, 300 rescatistas implementaron diversas estrategias: barrenos, cableado eléctrico y refuerzo de estructuras para minimizar riesgos, además de inspecciones con cámaras y perros especializados en búsqueda de personas.
Dentro de la mina, se vivía un ambiente de esfuerzo y esperanza, donde las máquinas operaban incansablemente. A pesar del derrumbe, algunos mineros se negaban a rendirse, recordando que la mina tenía problemas preexistentes. Cástulo, quien había sido rescatado antes, advirtió sobre una presa de jales que inminentemente podría desbordarse. Al momento del siniestro, 25 hombres trabajaban en la mina; solo 21 lograron salir a tiempo.
La historia de estos mineros destaca no solo la peligrosidad del trabajo en minas, sino también la fortaleza de quienes, en medio de la desesperación, luchan por la vida y la unión familiar. Con nombres y rostros que representan más que simples estadísticas, la comunidad se aferra a la esperanza de que el último minero atrapado regrese a casa. Mientras las labores de rescate continúan, el compromiso de los elementos del Ejército, Protección Civil y paramédicos se mantienen firmes, con la mirada fija en encontrar al cuarto compañero perdido.
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