A 14 días del trágico derrumbe en la mina Santa Fe, situada en El Rosario, Sinaloa, las operaciones de rescate siguen su curso, enfrentando adversidades inimaginables. El incidente, que ocurrió el 25 de marzo, fue causado por el colapso de una presa de jales, inundando galerías subterráneas con agua y lodo. De los 25 mineros presentes, 21 lograron escapar, pero cuatro quedaron atrapados bajo tierra.
Las labores de rescate han requerido la intervención de más de 300 rescatistas, incluyendo efectivos de las Fuerzas Armadas, buzos especializados y brigadas de Protección Civil. Desde el inicio de esta dramática situación, se ha llevado a cabo un esfuerzo titánico para bombear el agua acumulada, así como para reforzar las estructuras que faciliten el acceso a las áreas más complicadas. Hasta ahora, los equipos han logrado avanzar cerca de 1.5 kilómetros en el interior de la mina, a pesar de las extremas condiciones que incluyen inundaciones y visibilidad nula.
En un primer rescate significativo, el minero José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años, fue hallado con vida el 30 de marzo tras haber estado más de 100 horas bajo tierra. Logró refugiarse en un lugar elevado cuando el lodo comenzó a entrar, y fue trasladado al Hospital General de Mazatlán, donde se recuperó de deshidratación leve.
La situación mejoró un poco con el rescate de Francisco Zapata Nájera, de 42 años, quien fue encontrado vivo el 7 de abril a unos 300 metros de profundidad, tras 300 horas de trabajo continuo por parte de los rescatistas. Recibió atención médica inmediata y fue evacuado en un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana.
Sin embargo, la noticia del hallazgo sin vida de un tercer minero fue un duro golpe. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó este suceso el 8 de abril y, tras el descubrimiento, la Fiscalía General del Estado de Sinaloa inició las diligencias para el levantamiento y traslado del cuerpo a la unidad forense.
Con la confirmación de tres trabajadores localizados, la atención se centra en la búsqueda del cuarto minero. Las brigadas continúan desalojando agua y lodo, además de estabilizar las galerías para permitir el acceso a las áreas profundas donde podría estar el último atrapado. Las autoridades han garantizado que el operativo continuará hasta que se logre ubicar al trabajador restante, manteniendo una comunicación constante con las familias afectadas.
Este trágico incidente ha reavivado el debate sobre las condiciones de seguridad en la industria minera en México. A más de dos semanas del accidente, las operaciones en El Rosario representan uno de los desafíos más complejos que el sector ha enfrentado en años recientes, marcadas por la presión del tiempo y la esperanza de encontrar al último minero atrapado.
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