Considerado el principal proveedor de servicios de salud en México, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se enfrenta al constante desafío de asegurar su sostenibilidad financiera a largo plazo. Según su director general, Zoé Robledo Aburto, esto implica una adecuada “ecualización” de los recursos dedicados a inversión y gasto en todas las áreas de la institución.
Desde hace siete años, el IMSS ha tomado decisiones estratégicas en la administración de sus reservas, buscando maximizar los rendimientos de sus recursos. Actualmente, el 8% de sus ingresos provienen de las utilidades de su Afore, lo que refleja una gestión financiera activa y responsable. Esta gestión se vuelve aún más relevante cuando se considera que la salud tiene un alto impacto económico tanto a nivel nacional como mundial.
Un indicador clave para evaluar la solvencia económica del IMSS es su suficiencia financiera, es decir, su capacidad para cubrir las obligaciones presentes y futuras con los recursos disponibles o que se espera recibir. En 2019, la suficiencia financiera era de ocho años; en 2024 alcanzó un notable máximo de 15 años, cifra que ha variado a 10 años en la actualidad, después de la pandemia de COVID-19. Este aumento es un reflejo de la responsabilidad financiera asumida por la institución, especialmente en un contexto donde durante el sexenio de Felipe Calderón, la suficiencia era de solo tres años.
Robledo destacó que, al asumir la dirección en 2019, el IMSS contaba con reservas de 200,000 millones de pesos, cantidad que ha crecido a aproximadamente 700,000 millones de pesos. Estos recursos, aunque no se utilizan directamente para inversión, son esenciales para mantener la rentabilidad de la institución. Para poner esta cifra en perspectiva, el 8% de sus ingresos podría cubrir un mes de operaciones, y es relevante recordar que en el sexenio de Vicente Fox, el IMSS gastaba diariamente 1,000 millones de pesos, cifra que ha aumentado a 2,000 millones actualmente.
Con la instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum, el IMSS busca constantemente adquirir nuevas tecnologías y tratamientos que garanticen su eficiencia financiera a largo plazo. Esta estrategia está íntimamente relacionada con la expansión de la infraestructura hospitalaria, una respuesta necesaria ante la creciente demanda de atención médica.
En este sentido, Robledo mencionó que se han edificado seis nuevos hospitales y que hay 21 en construcción. Este esfuerzo es parte del Plan Nacional de Infraestructura Hospitalaria, que contempla la habilitación de 9,139 camas para 2030, con una inversión de 181,000 millones de pesos. Esto representa un aumento del 80% respecto a las camas habilitadas entre 2006 y 2018.
El contexto de atención médica ha cambiado enormemente en los últimos 50 años, pasando de enfocarse en partos y enfermedades infecciosas a prestar atención a enfermedades crónicas y prevenibles, lo que exige equipamiento moderno y especializado. Un reciente anuncio sobre la adquisición de tomógrafos de alta gama, con capacidades avanzadas como inteligencia artificial, refleja este enfoque. La compra directa a fabricantes, en lugar de través de intermediarios, no solo reduce costos, sino que también asegura la responsabilidad y calidad del equipo adquirido.
Así, el IMSS avanza en su misión de atender las crecientes necesidades de salud de la población mexicana, enfrentando retos significativos con planificación financiera y expansión de servicios.
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