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Resistencia ciudadana y AI en elecciones occidentales

por en NacionalTiempo de lectura: 5 min
Resistencia ciudadana y AI en elecciones occidentales.

La irrupción de la inteligencia artificial en la vida política y social ha desencadenado un notable movimiento de resistencia contra la instalación de centros de datos y el uso masivo de tecnologías automatizadas. Este fenómeno ha transformado el debate público sobre el control democrático en el desarrollo tecnológico. Durante el año electoral de 2026, en múltiples países, las preocupaciones sobre la IA han pasado de ser meras inquietudes técnicas a convertirse en temas centrales de campaña y decisiones gubernamentales.

Los votantes no son meros receptores pasivos de información; enfrentan una realidad donde campañas, partidos y candidatos emplean inteligencia artificial para analizar perfiles del electorado, diseñar mensajes personalizados y crear anuncios impactantes, a menudo incluso utilizando deepfakes. Según la historiadora Jill Lepore, en varias regiones del mundo, el futuro de la IA y los centros de datos se ha convertido en un punto explícito de la agenda electoral.

Este auge de la tecnología ha generado descontento palpable entre la ciudadanía. Una encuesta realizada en cinco países europeos revela que tres de cada cuatro personas solo aceptarían la construcción de centros de datos si operan con energías renovables. En Estados Unidos, una proporción similar se opone a tener estos centros cerca de sus hogares, lo que evidencia el creciente temor hacia la expansión de la infraestructura digital.

Las consecuencias de este descontento han sido inmediatas en el ámbito electoral. En Francia, la oposición a los centros de datos ha influido en elecciones municipales, mientras que en Irlanda la cuestión se ha sumado al debate nacional. A nivel estatal en Estados Unidos, la resistencia ciudadana ha tenido un impacto notable: el presidente del Senado estatal de Utah perdió su puesto tras promover la construcción de un inmenso centro de datos cerca del Gran Lago Salado, un proyecto que fue rechazado por más del 70% del electorado.

En Michigan, los votantes destituyeron a miembros del consejo local que habían bloqueado la prórroga de una moratoria sobre la expansión de centros de datos. En Maryland, tres comisionados republicanos que frenaron un referéndum sobre estos proyectos fueron reemplazados por candidatos comprometidos a detener su construcción. Incluso en Wisconsin, un candidato socialista democrático que prometió frenar esta expansión casi logró ganar la primaria demócrata.

La resistencia social ha permeado también el ámbito legislativo, donde la regulación de la IA enfrenta una intensa presión por parte de las grandes tecnológicas. En 2024, la Unión Europea aprobó una Ley de Inteligencia Artificial que busca restringir los riesgos inaceptables asociados a esta tecnología. Sin embargo, en un giro sorprendente, se pospusieron restricciones para usos de alto riesgo hasta 2027 o 2028, tras las presiones de empresas estadounidenses.

Frente a la falta de regulación gubernamental integral, los ciudadanos han optado por tomar el asunto en sus propias manos a través de las urnas. Lepore subraya que en las primarias de este año, varios candidatos pro-tecnología fueron derrotados por la creciente oposición popular hacia la expansión de la inteligencia artificial.

En Nueva York, el apoyo a una moratoria sobre los centros de datos se convirtió en un eje central de la campaña. Un candidato demócrata, Alex Bores, vinculado a la Ley de Seguridad de la IA, perdió tras una millonaria inversión de magnates tecnológicos en su rival, quien también respaldaba la suspensión de nuevos centros. Este tipo de dinámicas demuestra cómo el debate sobre la IA y los centros de datos es también un reflejo de una creciente desconfianza social, potenciadas por la proliferación de bots y campañas de desinformación.

Lejos de ser un fenómeno aislado, el debate se inscribe en un contexto más amplio en el que las democracias liberales enfrentan desafíos significativos. Lepore sostiene que estas democracias están siendo absorbidas por lo que ella denomina el "estado artificial", un nuevo dominio donde el espacio público ha sido reemplazado por espacios digitales automatizados controlados por corporaciones privadas. En este sentido, la mayoría de los mensajes que circulan en internet en inglés provienen de máquinas y no de humanos, lo que plantea serios cuestionamientos sobre la transparencia y los objetivos de estos bots.

La regulación de la inteligencia artificial se vislumbra como un tema clave en las elecciones futuras de Estados Unidos, tanto en las legislativas de noviembre como en las presidenciales de 2028. Mientras figuras del Partido Republicano como J.D. Vance y Marco Rubio rechazan una regulación estricta, hay voces dentro del Partido Demócrata, como las de Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, que apoyan una moratoria nacional sobre la construcción de centros de datos.

El demócrata Ro Khanna de Silicon Valley ha presentado el manifiesto "IA para el Pueblo", que propone un nuevo contrato social tecnológico, defendiendo la regulación del desarrollo de la IA para que beneficie a la humanidad y no se convierta en una herramienta de manipulación del debate público.

Mientras las grandes tecnológicas intentan frenar la regulación argumentando que esta podría limitar la innovación y la seguridad nacional frente al avance de China en la carrera por el liderazgo en IA, la voluntad popular parece inclinarse hacia la restricción más que hacia la expansión de esta tecnología.

El debate actual sobre la regulación de la IA recuerda los desafíos que surgieron con la llegada del automóvil a principios del siglo XX. La historia señala que la regulación tardía provocó consecuencias fatales al enfocarse en compensar daños en lugar de prevenirlos, un aprendizaje que resulta esencial en la controversia contemporánea.

Durante un momento crítico para las democracias modernas, la regulación de la inteligencia artificial y la infraestructura tecnológica se establecen como desafíos predominantes. La respuesta que las instituciones gubernamentales brinden a esta demanda social no solo determinará el desarrollo futuro de la IA, sino que también definirá el rol de la participación ciudadana en esta nueva era digital.

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Datos basados en información reportada originalmente por infobae.com.

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