La Unión Europea ha dado un paso firme en la escalada comercial con Estados Unidos al aprobar la primera tanda de aranceles diseñada como respuesta a las medidas proteccionistas impulsadas por Donald Trump. Bruselas recibió este miércoles el respaldo mayoritario de los Estados miembro, salvo por Hungría, para aplicar nuevos recargos del 25% a productos estadounidenses por un valor total de 21 mil millones de euros, en represalia por las tarifas impuestas por Washington al acero y aluminio europeos.
Este paquete de medidas será desplegado de manera escalonada en tres fases. La primera arrancará el 15 de abril con aranceles sobre 3.900 millones de euros en importaciones. Un mes después, el 15 de mayo, se sumarán otras por un valor de 13.500 millones, y finalmente, a partir del 1 de diciembre, entrará en vigor la última ronda con otros 3.500 millones en recargos. Los productos afectados van desde bienes básicos como frutas, hortalizas, papel higiénico y huevos, hasta bienes industriales como motocicletas, textiles, cosméticos, plásticos y componentes metálicos.
Pese a este movimiento, la Comisión Europea insiste en que su prioridad sigue siendo el diálogo. Asegura que estas contramedidas podrían retirarse si Estados Unidos acepta negociar una salida justa y equilibrada a esta guerra comercial. No obstante, el tono se mantiene firme, con la amenaza latente de una segunda respuesta que ya se está preparando en Bruselas. Esta incluiría medidas más duras ante los aranceles generalizados del 20% a todas las importaciones y del 25% específicamente dirigidos al sector automotor europeo, que podrían activarse en mayo si no hay avances en las conversaciones.
Algunos productos emblemáticos quedaron fuera del listado definitivo. El bourbon, inicialmente previsto en la lista, fue eliminado a última hora, al igual que los vinos estadounidenses. La presión ejercida por países como Francia frenó su inclusión, ante el temor de que Trump respondiera con un incremento del 200% a los vinos, champagnes y otras bebidas espirituosas europeas.
El único voto en contra provino de Hungría. Su ministro de Exteriores, Peter Szijjarto, manifestó abiertamente su rechazo a través de redes sociales, argumentando que imponer aranceles no resolverá el conflicto y solo agravará los problemas económicos en Europa.
Así, la UE reactiva una vieja estrategia de presión ya empleada en 2018, recuperando buena parte del catálogo de productos sancionados entonces. La nueva ofensiva comercial se perfila como una señal clara de que Bruselas no piensa ceder terreno fácilmente en este pulso económico con Washington, aunque aún deja la puerta entreabierta a una solución pactada.
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