La Embajada de Estados Unidos en México ha destapado un sofisticado esquema de contrabando de combustibles que involucra la exportación ilegal de crudo robado desde México hacia Texas. En este proceso, el crudo es refinado y luego reintroducido en el territorio mexicano como combustible legal a través de diversas aduanas. Esta actividad ilícita está íntimamente ligada al crimen organizado, que utiliza empresas fachada para blanquear el origen de estos productos.
Como señala la embajada en un video reciente en su cuenta oficial de X, “detrás de cada litro ilegal hay evasión fiscal, corrupción y violencia financiada”. Este mecanismo comienza cuando cárteles transportan crudo robado, ya sea en camiones o a través de ductos, hasta refinerías en Estados Unidos. Una vez el combustible es refinado, regresa a México con documentación falsificada y pronto es distribuido en estaciones de servicio como si se tratara de producto legítimo.
Un aspecto alarmante es que muchos consumidores y empresas adquieren este “huachicol” sin saber nada de su procedencia ilegal. Este tráfico representa una industria multimillonaria que no solo financia a grupos criminales, sino que también exacerba la corrupción a ambos lados de la frontera. A este respecto, el gobierno estadounidense ha comenzado a implementar acciones en conjunto con las autoridades mexicanas, que incluyen operativos en aduanas y puertos, sanciones contra empresas y bancos involucrados, así como nuevos mecanismos para la trazabilidad del combustible.
Cristina Pablo Dorantes, académica especialista en temas de seguridad, ha denominado este fenómeno como “huachicol hacendario”. Según ella, implica un combate a la corrupción dentro del sistema aduanero del gobierno, ya que permite la evasión fiscal a gran escala y provoca pérdidas millonarias para el erario. Se estima que durante el sexenio anterior, el huachicol dejó pérdidas por más de 24,000 millones de dólares en ingresos perdidos para Pemex y en impuestos no recaudados.
La académica destaca que esta modalidad de contrabando ha ganado popularidad entre los grupos criminales, dado que es “más sencilla y menos riesgosa” que el robo tradicional de ductos, especialmente después de tragedias como la explosión en Tlahuelilpan en 2019. En sus propias palabras, este método de operación es “mucho más grande” y permite una filtración más fácil del producto.
Las autoridades siguen trabajando para desmantelar esta compleja red y detener el flujo de este combustible ilegal, tratando de mitigar la corrupción y las pérdidas económicas derivadas de esta grave situación.
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