El 28 de junio de 2026, el aclamado director de orquesta Riccardo Muti, a punto de cumplir 85 años, realizó una actuación memorable en el Palacio de Carlos V durante el Festival de Granada. En un evento repleto de público, Muti interrumpió el concierto para expresar su defensa apasionada del ballet de Las vísperas sicilianas. Esta obra fundamental de Giuseppe Verdi, creada en 1855, ha sido históricamente omitida en muchas producciones, pero Muti la considera la “página sinfónica más importante” del compositor.
Durante su intervención, Muti arremetió contra directores de escena que no saben abordar el ballet, así como contra las orquestas francesas de la época que encontraban difícil interpretar la música de Verdi, a quien se refirió como “Maestro Merdì”. A pesar de su estilo directo, el maestro recordó que el renombrado crítico francés Hector Berlioz había alabado la obra desde su estreno, destacando que la música del ballet, titulado Las cuatro estaciones, “causó furor” y dio a los virtuosos de la orquesta una oportunidad para brillar.
El concierto no solo sirvió para revindicar el ballet, sino que también mostró la maestría de Muti al dirigir. La velada comenzó con la electrizante obertura de Nabucco, uno de los primeros éxitos de Verdi, donde la calidad de los metales de la orquesta se hizo evidente. Muti dio un toque renovado al famoso coro del anatema, inyectando energía y profundidad a la interpretación.
A lo largo del concierto, Muti dirigió a la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini con un enfoque meticuloso en detalles de dinámica, articulación y fraseo. Entre los mejores momentos destacados estuvo el solo de clarinete durante el movimiento de Primavera, ejecutado con gran poética por Davide Pellegri, mientras que Chiara Picchi y Pietro Carlotta brillaron en la transición a Verano con sus arpegios y evocaciones pastorales, respectivamente.
El homenaje a Manuel de Falla, en el 150º aniversario de su nacimiento, incluidos fragmentos de El sombrero de tres picos, añadió un aire de diversidad al programa. Aunque algunos pasajes resultaron un tanto convencionales, la coreografía de la farruca mostró la capacidad de Muti para extraer poesía del contraste entre la fuerza y la vulnerabilidad.
La noche culminó con una interpretación del Bolero de Ravel que deslumbró a los asistentes. Muti, fiel a su estilo, utilizó el pulso firme de la percusión y una energía creciente, lo que presentó un reto emocionante para los jóvenes músicos de la orquesta.
A medida que Muti se acerca a sus 85 años, su compromiso por mantener vivo el poder de la danza en la música, ya sea en Verdi, Falla o Ravel, destaca. Su actuación en Granada no solo recordó su maestría, sino que reafirmó su creencia en que la música siempre es un diálogo profundo y vibrante, donde cada compás cuenta.
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