Tristes Tropiques es el título de la última serie de Richard Mosse (Kilkenny, Irlanda, 41 años). Está compuesta por imágenes de gran formato, que destacan por un cromatismo muy singular. Colores vivos y estridentes se acompañan de otros que encierran una siniestra melancolía. Componen una paleta que nos habla de la belleza y también de la tragedia.
Richard Mosse: “Es importante que el arte no se convierta en propaganda”
El autor se define como “un artista que se sitúa entre el arte contemporáneo y el reportaje”. Así, a lo largo de su trayectoria, su mirada se ha posado en temas que definen nuestro tiempo, como la migración, el conflicto y en esta última etapa el cambio climático, cuya representación ha supuesto un gran reto para él. “Algo que puede llegar a ser muy dificultoso debido a las limitaciones de la percepción humana y que verdaderamente nos supera a la hora de describirlo y representarlo”, tal y como expresaba en un vídeo grabado en la presentación de la serie en abril, en la Jack Shainman Gallery de Nueva York.
Los condicionamientos que conlleva la fotografía documental y sus límites han fascinado siempre a este fotógrafo, que por otra parte nunca ha dejado de creer en el poder de la imagen. De ahí que su objetivo se ha centrado en ensanchar los límites del género, adaptándose a los diferentes contextos que surgían con cada nuevo proyecto, a través del uso de distintas cámaras y del planteamiento de nuevos enfoques.
Más información
Tristes Tropiques está compuesto de imágenes multiespectrales, realizadas a través de drones, que captan detalladamente el retroceso de la selva amazónica, mediante información adicional que el ojo humano no logra alcanzar. Comparte título con la que quizás sea la obra más conocida de Claude Lévi-Strauss, en la cual, ya en 1954 alertaba de la deriva medioambiental del planeta. “Lo que nos mostráis en primer lugar, oh viajes, es nuestra inmundicia arrojada al rostro de la humanidad”, escribía el filósofo y antropólogo. Crímenes medioambientales que también se aventuró a captar Edward Burtynsky en su serie de paisajes aéreos industriales, Antropoceno.
Pero es la manipulación de los colores a la que somete Mosse a sus imágenes durante el proceso de posproducción lo que las convierte en inconfundibles; un sello cromático que nos remiten a Infra y a la instalación The Enclave, que le catapultó a la fama durante la Bienal de Venecia de 2013. En esta ocasión, la exuberante selva de la República Democrática del Congo, un país devastado por la guerra y la barbarie, quedaba transformaba en un hermoso paisaje surrealista de tonos rosas y rojos. Para ello utilizó Kodak Aerochrome, una película infrarroja que registra la clorofila en la vegetación. Una tecnología, utilizada en su día como reconocimiento militar, que el artista utilizará para cuestionar la forma en que se construye la fotografía de guerra.



