La macroeconomía tiene conceptos fascinantes que ayudan a descifrar las complejidades del comportamiento económico, especialmente en contextos específicos como el de los hogares mexicanos que reciben remesas. Una de estas nociones es la de los “Wealthy Hand-to-Mouth households”, académicamente desarrollada por Greg Kaplan, Giovanni Violante y Justin Weidner. Este término describe a aquellos hogares con determinados patrimonios que, a pesar de ello, enfrentan restricciones en su liquidez diaria. Aunque este concepto se originó en el análisis de economías avanzadas, su relevancia se ha extendido a países como México, donde muchos receptores de remesas experimentan características similares.
Uno de los hallazgos más significativos de Kaplan y sus coautores es que, en situaciones de restricciones financieras, la propensión marginal a consumir se eleva notablemente. Este fenómeno se vuelve esencial para entender cómo las remesas influyen en la economía mexicana. Mientras en EE.UU. estas restricciones pueden venir de activos ilíquidos, en muchas regiones de México son reflejo de bajos ingresos y escasa riqueza. En ambas realidades, los ingresos extraordinarios fluyen rápidamente hacia el consumo cotidiano, lo que hace que cualquier ajuste en las remesas tenga un impacto inmediato en la economía interna.
En un giro inesperado, el año 2025 marcó un cambio en la tendencia de las remesas. Después de años de aumento constante, se registró una caída cercana al 5%. Este fenómeno puso fin a más de una década de crecimiento y estuvo relacionado con un enfriamiento en el mercado laboral estadounidense, especialmente en sectores donde trabajan muchos mexicanos, como la construcción y ciertos servicios.
El endurecimiento de la política migratoria también aumentó la incertidumbre entre estos trabajadores. Para millones de hogares que dependen de estas transferencias, la disminución en la llegada de recursos obligó a realizar ajustes inmediatos en áreas cruciales como la alimentación, la salud y la educación. La elevada propensión a consumir de estos hogares significa que la desaceleración de las remesas repercute rápidamente en su bienestar económico.
A medida que avanzaba 2026, el panorama mostró una ligera recuperación de aproximadamente 2% con respecto al año anterior. Sin embargo, esta mejoría también dio lugar a un cambio notable en la dinámica de los flujos: aunque el monto promedio de las remesas que se enviaban aumentó, el número de operaciones disminuyó. Esto sugiere que solo aquellos migrantes con una mayor capacidad económica están enviando ayuda a sus familias, compensando en parte las dificultades que enfrentan otros hogares.
En un contexto donde a partir de 2026 se impuso un impuesto del 1% sobre ciertos canales de envío de remesas desde EE.UU., surgieron preocupaciones sobre su efecto en las finanzas de estas familias. Aunque el impacto de dicho impuesto puede parecer reducido a primera vista—5 dólares por una remesa de 500 dólares—la realidad es que para muchas familias con un presupuesto ajustado, cada centavo cuenta. Este costo adicional puede traducirse en ajustes inmediatos en gastos esenciales.
Además, las tasas de interés también han jugado un papel crucial en la dinámica económica. Durante el ciclo de alzas de Banxico, que llevó las tasas a un máximo de 11.25%, el encarecimiento de los créditos también afectó a los hogares, donde un aumento de algunos puntos porcentuales puede traducirse en cientos de pesos adicionales en intereses mensuales. Para familias con finanzas ajustadas, esto inevitablemente significa reducir el gasto en necesidades básicas.
La apreciación del peso durante 2025 complicó aún más la situación de los hogares receptores de remesas, ya que, aun cuando el monto enviado en dólares se mantenía relativamente estable, cada dólar se traduce en menos pesos. Por ejemplo, una remesa de 500 dólares dejó de equivaler a 10,000 pesos a un tipo de cambio de 20, y pasó a ser solo 9,000 pesos a 18. Esto representa una reducción significativa del ingreso disponible para quienes dependen de estos recursos para su sustento diario.
Este cúmulo de factores adversos—una disminución en las remesas, la apreciación del peso y el aumento de costos financieros—ha limitado la liquidez de numerosas familias, afectando su capacidad para consumir.
Tres conclusiones emergen de este análisis: primero, las remesas siguen siendo un stabilizador clave para la economía mexicana, representando aproximadamente el 3.5% del PIB. En segundo lugar, los efectos de estas transferencias no solo dependen del volumen, sino también del contexto financiero de los hogares. Por último, políticas que faciliten el envío de recursos o reduzcan costos podrían tener un impacto positivo en el consumo y, por ende, en la actividad económica.
Este panorama nos recuerda que, más allá de las cifras, entender cómo los hogares responden a estos recursos es esencial para captar la dinámica económica del país. Las remesas son vitales no solo por su magnitud, sino también por cómo afectan la vida cotidiana de millones y su contribución a la actividad económica en México. En definitiva, la liquidez disponible para los hogares es un factor determinante en la forma en que las remesas se traducen en consumo y estabilidad económica.
Actualización (2026-07-03 19:02:00): Se confirma que el contexto económico sigue evolucionando, reflejando cambios en los envíos y en las condiciones de vida de los migrantes. Las tendencias observadas resaltan la importancia de seguir analizando el impacto de factores económicos sobre los hogares que dependen de remesas.
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