En un ambiente inusual marcado por la seguridad extrema, el narcotraficante mexicano Nemesio Oseguera, conocido como “El Mencho”, recibió su último adiós el pasado 2 de marzo de 2026. Su funeral, que se llevó a cabo en Gómez Palacio, Jalisco, fue escenario de un despliegue militar que evidenció la influencia y el poder del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), quien fue abatido días antes durante un operativo federal.
El cuerpo de “El Mencho”, muy buscado y objeto de una recompensa de 15 millones de dólares por parte de Estados Unidos, fue entregado a sus familiares luego de su muerte ocurrida el 22 de febrero en un exclusivo club campestre de Tapalpa, Jalisco. La decisión de trasladar sus restos desde Ciudad de México hasta Guadalajara para su velorio y entierro se tomó en medio de un clima de tensión, dado su pasado violento y las amenazas de grupos rivales.
La funeraria que recibió a Oseguera estuvo rodeada por un contingente de soldados y agentes de la Guardia Nacional, quienes vigilaban celosamente el lugar, impidiendo el acceso a curiosos mientras se organizaba un desfile incesante de arreglos florales, algunos adornados con formas simbólicas como cruces y alas de ángeles. En total, se necesitaron cinco grúas para trasladar las numerosas flores al cementerio.
El traslado hacia el campo santo fue un secreto bien guardado hasta el final, con la seguridad reforzada por vehículos militares y motocicletas policiales. En ese momento se hizo evidente que la familia de “El Mencho”, compuesta por unas ocho personas vestidas de negro y con gafas oscuras, mantendría un perfil bajo mientras seguían la carroza blanca que transportaba el ataúd dorado.
El cementerio, ubicado a unos 5 kilómetros de la futura sede del Mundial de Fútbol 2026, fue custodiado por decenas de militares. Solo se permitió la entrada a quienes demostraran tener asuntos pertinentes en el lugar. En el interior, el féretro fue colocado en una capilla adyacente, donde una banda de música norteña interpretó narcocorridos, rindiendo homenaje a la vida de Oseguera.
La ceremonia, que duró casi una hora, fue acompañada por un ambiente de luto, aderezado con una canción que evocaba su inevitable destino. Tras la despedida, el cuerpo fue conducido a la tumba, donde, rodeado de un grupo reducido, recibió un puñado de tierra como acto simbólico de despedida.
La muerte de “El Mencho” ha generado una ola de violencia en las semanas posteriores, con ataques coordinados en 20 de los 32 estados de México, que resultaron en más de 70 muertes relacionadas con enfrentamientos de su cartel y las fuerzas de seguridad.
Este luctuoso acontecimiento no solo marca el fin de una era para el CJNG, sino que también resalta la compleja y violenta realidad del narcotráfico en México, un fenómeno que continúa desafiante y dinámico, afectando a millones de vidas a lo largo del país.
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