El secretario de Estado, Marco Rubio, ha elogiado lo que considera un “logro extraordinario” en la política de América Latina y el Caribe: la mayoría de los gobiernos en la región están ahora alineados con la política de Estados Unidos. Según sus afirmaciones en una reciente reunión de gabinete, “por primera vez en 15 o 20 años”, la mayoría de los países del hemisferio occidental son dirigidos por líderes proestadounidenses.
Rubio destacó que en prácticamente cada elección desde la llegada al poder del presidente Donald Trump, ha emergido un mandatario que comparte una visión favorable hacia Estados Unidos. Su comentario enfatiza una serie de victorias políticas consecutivas que resuenan con la agenda de la administración de Trump.
Una de las figuras más recientes en esta tendencia es Keiko Fujimori, quien acaba de asumir la presidencia en Perú y ha sido catalogada como parte de esta ola conservadora que respalda las políticas de Trump. En su diálogo telefónico con Rubio, se informaron sobre las expectativas y las posibles colaboraciones futuras entre Perú y Estados Unidos.
Sin embargo, a pesar de este aparente dominio político, el número de líderes claramente alineados con la política estadounidense sigue siendo limitado; solo 17 países, aproximadamente la mitad de la región, están bajo gobiernos que implementan políticas agresivas y antimigratorias similares a las de Trump. Este escenario plantea interrogantes sobre la estabilidad y el futuro político de América Latina.
Desde la perspectiva de la izquierda, solo dos grandes potencias regionales, México y Brasil, permanecen de este lado del espectro político. En Colombia, el panorama se torna incierto con la inminente llegada al poder de Abelardo de la Espriella, un ultraderechista que podría cambiar el rumbo del país.
Por otro lado, Cuba enfrenta una crisis económica significativa, complicando su ya delicada situación; además, ha perdido a su principal aliado regional, Nicolás Maduro, quien fue detenido y se encuentra en manos de fuerzas estadounidenses. Este cambio ha colocado a Venezuela en una colaboración forzada con la agenda de Washington, mientras que Nicaragua ha continuado desafiando abiertamente a Estados Unidos.
La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha visto convocada para tratar la situación en Nicaragua a solicitud de Washington, lo que refleja el interés continuo de Estados Unidos en dictar el rumbo político de la región.
En conclusión, mientras América Latina vive un retorno a líderes proestadounidenses tras años de gobiernos de izquierda, las dinámicas políticas dibujan un paisaje matizado que requerirá vigilancia constante y una comprensión profunda de las interacciones regionales.
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