El Ministerio de Defensa ruso ordena a sus tropas que se retiren de la margen occidental del rio Dnieper abandonar Jersón, esta cuidad había sido la única en la que las fuerzas del Kremlin habían logrado ocupar desde el 24 de febrero.
Vladímir Putin
En septiembre, tras la celebración de pseudorreferendos, el presidente firmó la anexión a Rusia de esa ciudad y su región —con acceso al mar Negro y al de Azov— y otras tres parcialmente ocupadas. Anexiones ilegales que no han sido reconocidas por la comunidad internacional. Pero para Putin, que considera Ucrania un país ficticio y lanzó su guerra para arrebatarle su soberanía, son Rusia; al menos, sobre el papel.
Cuando una fuente miente sistemáticamente, como hace Rusia, hay que poner sus anuncios y declaraciones en cuarentena. Y hay analistas y expertos militares que temen que Moscú, siguiendo el patrón de otras guerras, aproveche el anuncio de retirada para lanzar algún tipo de ataque a gran escala. El Gobierno de Volodímir Zelenski se muestra cauto, aunque fuentes militares reconocen que hay “señales” de retirada.
Lo cierto, con las informaciones sobre el terreno, es que el Kremlin se ha estado preparando desde hace semanas para una retirada. El general designado in extremis, tras otras derrotas, para liderar la invasión, Serguéi Surovikin, conocido por su participación en la guerra en Siria y sus ataques contra infraestructuras civiles, apuntó que habría que tomar “decisiones difíciles”.
Las tropas rusas dejarán una ciudad saqueada, agujereada y sin apenas suministro de agua, gas ni electricidad, según fuentes sobre el terreno. También, posiblemente hayan sembrado una buena cantidad de minas y bombas trampa. Ahora, el Kremlin está tratando de que su retirada al otro lado del río no sea tan caótica como otros repliegues.
La operación ucrania en Jersón
El ejército de Volodímir Zelenski ha avanzado metro a metro, aldea a aldea, empujando a las tropas rusas contra el río Dniéper. El miércoles, recuperó Snihurivka, un pueblo al norte de la ciudad de Jersón que ha sido clave para seguir empujando a las fuerzas de Putin.
Como suele hacer con las noticias difíciles de tragar, el líder ruso —que sí anunció la invasión en la madrugada del 23 al 24 de febrero, la anexión ilegal de las zonas ocupadas y la movilización para el combate— ha dejado a su ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, y al general Surovikin que anuncien la retirada de Jersón. Putin se había negado hasta ahora tajantemente a dejar la ciudad. Moscú disfraza la estrepitosa derrota tras la intención de “preservar la vida” de sus tropas a las que Putin ha enviado a combatir desde el principio de la invasión en condiciones penosas, con equipos anacrónicos, sin buena formación e incluso sin avituallamiento.
Si Ucrania recupera Jersón, la contraofensiva alimentará a las fuerzas ucranias y el apoyo de Occidente. Pero la pérdida de la ciudad portuaria y la humillación de las tropas rusas también puede derivar en una oleada crítica en Rusia, sobre todo de los sectores más ultranacionalistas y de los grupos afectados por la movilización, que ahora entrenan para sumarse a la carne de cañón en los frentes. Mientras Shoigú y Surovikin anunciaban la retirada rusa de Jersón, Putin despachaba asuntos de sanidad en una reunión difundida por la televisión pública con gesto aburrido. El jefe del Kremlin espera que llegue con fuerza el invierno.
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