Rusia ha llevado a cabo recientemente un test de un misil balístico intercontinental de combustible sólido y emplazamiento móvil, el cual fue disparado desde el cosmódromo de Plesetsk, ubicado a unos 800 kilómetros al norte de Moscú, hacia el polígono de tiro de Kurá en la península de Kamchatka, frente al océano Pacífico. Esta maniobra fue confirmada por el Ministerio de Defensa ruso el 28 de agosto de 2026, detallando que el proyectil recorrió entre 6,000 y 6,700 kilómetros, cumpliendo con una trayectoria sin desviaciones.
El objetivo del ensayo, según el comunicado oficial, era verificar las características táctico-técnicas y de vuelo del sistema de misiles. El ministerio destacó que “todas las tareas asignadas se cumplieron en su totalidad” y el misil mantuvo una trayectoria “impecable”. Aunque no se especificó el modelo exacto del proyectil utilizado, es importante mencionar que el sistema RS-24 Yars había sido lanzado previamente en ejercicios similares.
Más allá del aspecto técnico, este ensayo tiene implicaciones geopolíticas significativas. Moscú notificó a Estados Unidos sobre la prueba con más de 24 horas de anticipación, siguiendo los protocolos establecidos entre ambas potencias nucleares. Esto se dio en un contexto en el que han surgido informes, aún no verificados, sobre drones ucranianos que habrían atacado el cosmódromo de Plesetsk, lo que añade una capa de tensión a la situación diplomática actual.
El presidente ruso, Vladímir Putin, previamente había señalado la necesidad de reforzar la tríada nuclear del país, incluyendo la modernización de bombarderos y misiles balísticos intercontinentales, en respuesta a lo que considera una carrera armamentista provocada por la OTAN. Asimismo, el Kremlin ha implementado misiles de este tipo en el conflicto en Ucrania, bajo el nombre de Oreshnik, con registros confirmados de su uso en combate desde noviembre de 2024.
Desde entonces, los lanzamientos se han multiplicado, y se han documentado varios ataques contra diversas instalaciones en Ucrania, lo que ha intensificado aún más la preocupación en la comunidad internacional. La escalada de estos ensayos militares ocurre en un momento crítico, donde se señala que las negociaciones de paz están estancadas, y se informa que Putin está considerando aumentar los ataques con misiles convencionales.
En este complejo panorama, la reciente visita a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, se inscribe como un intento de disuadir a Rusia de realizar provocaciones adicionales contra países de la alianza atlántica. Con estos acontecimientos, se reafirma que la tensión entre las potencias nucleares sigue en aumento, lo que hace imperativa una atención constante a los desarrollos en esta región del mundo.
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