Rusia ha confirmado este miércoles la retirada de sus tropas de la margen occidental del río Dniéper, que incluye la ciudad clave de Jersón. De confirmarse, este repliegue supone un éxito mayúsculo para Ucrania y una derrota para el Kremlin, que estaría preparándose para abandonar la única capital de provincia que logró conquistar a raíz de la invasión de Ucrania que inició el pasado 24 de febrero.
El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, ha dado el visto bueno al repliegue propuesto por el general al mando de las Fuerzas Armadas rusas en Ucrania, Serguéi Surovikin. “Entiendo que esta es una decisión muy difícil, pero al mismo tiempo conservaremos lo que es más importante, la vida de nuestros militares y la capacidad de combate de nuestros grupos de tropas”, ha afirmado el jefe militar en un parte de guerra difundido por el departamento de Defensa ruso.
Rusia se prepara así para abandonar sus posiciones más occidentales en Ucrania, una decisión lógica desde el punto de vista militar, pero un varapalo para la imagen del segundo mayor ejército del mundo. Para las autoridades ucranias, en cambio, sería una de las noticias más esperadas desde que el presidente Volodímir Zelenski afirmara el pasado junio que recuperar Jersón debía ser la prioridad de las Fuerzas Armadas. El anuncio del Ministerio de Defensa supone el mayor repliegue organizado por las tropas rusas desde la retirada de finales de marzo del frente de Kiev. Posteriormente, el ejército ucranio retomó la región de Járkov y parte de las provincias de Zaporiyia y Jersón en los contraataques emprendidos desde septiembre.
Moscú, cuyas tropas habían conquistado Jersón el pasado 3 de marzo, se anexionó formalmente esta provincia —además de las de Donetsk, Lugansk y Zaporiyia— el 30 de septiembre tras unos referendos ilegales no reconocidos por la comunidad internacional. Donetsk y Lugansk se han mantenido en manos prorrusas desde que estalló la guerra de Donbás en 2014.
Evacuación de la zona
“Todos los que han querido se han ido de la zona”, ha afirmado el general Surovikin ante el alto mando ruso tras asegurar que “unas 115.000 personas” han abandonado el territorio. El comandante, hasta ahora general de las Fuerzas Aerotransportadas de Rusia y partidario de los bombardeos contra infraestructuras, también ha justificado la retirada con la idea de que la zona noroeste del río Dniéper podría ser inundada.
Surovikin ha admitido que la presión ucrania es constante. Aunque sus datos aseguran que un 80% de los misiles ucranios son derribados, “hasta un 20% de ellos alcanzan sus objetivos”, ha apuntado. Además, ha defendido el repliegue pese a asegurar que las pérdidas ucranias son siete u ocho veces mayores.
A diferencia de anteriores reveses militares de Moscú, que acabaron costando el puesto al general Alexánder Lapin esta semana, la retirada de Jersón ha sido bendecida por dos de las figuras más furibundas del círculo del Kremlin: el empresario Yevgueni Prigozhin, dueño del grupo de mercenarios Wagner, y el presidente checheno, Ramzán Kadírov. “Surovikin ha salvado a 1.000 soldados que estaban en un cerco real”, ha escrito el líder de la región del Cáucaso en Telegram. “No hay por qué hablar de rendición (…). Surovikin protege al soldado y toma una posición estratégica más ventajosa”, añadió Kadírov, que cree que ha actuado “como un verdadero general, sin miedo a las críticas”. Por su parte, Prigozhin ha alabado a Surovikin porque “no teme la responsabilidad”. “Es importante no agonizar, no combatir con la paranoia, sino sacar conclusiones y corregir los errores”, ha añadido.
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