Esto se debe a que el color morado o violeta es el tono por excelencia que se asocia a la lucha feminista, los cuales se apoderan de las calles de diversas manera como en la ropa, carteles, pañuelos, lo que hace visible el mensaje claro que se quiere mostrar ante la sociedad, igualdad, derechos y respeto.
Existen algunas teorías sobre el uso de este color, una de las explicaciones más comunes es que intentaron dar una respuesta con la combinación de colores azul y rosa, los cuales son tradicionalmente asociados con los géneros.
Por otro lado hay otros datos que se remiten a hechos históricos que, mezclados con un componente quizá más cercano a la ficción, aportan una explicación más plausible a la vez que legendaria.
Uno de los sucesos más duros vividos en clave femenina comparte reivindicaciones con la lucha obrera, donde las mujeres se han visto agraviadas por la discriminación.
El siglo XIX fue testigo del nacimiento de los movimientos obreros que demandaban mejoras en unas condiciones de vida que se habían visto especialmente dañadas por esta evolución de la industria.
Los movimientos de población del campo a las ciudades, lugares donde se concentraban las fábricas, fueron masivos y se extendieron también al siglo XX, cuando además las migraciones cruzaban fronteras internacionales, continentes y océanos.
Nota publicada en El Sol de Hermosillo
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