Después de tres siglos de abandono, la legendaria “tierra del jaguar blanco”, conocida como Sak-Bahlán, ha vuelto a cobrar relevancia en el ámbito arqueológico. Su redescubrimiento se debe a un innovador modelo predictivo desarrollado por el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Josuhé Lozada Toledo, quien utilizó sistemas de información geográfica (SIG) para crear un mapa que permite ubicar esta histórica ciudad. Este hallazgo ha sido potenciado por el Proyecto Arqueológico Sak-Bahlán, que está bajo la dirección de los doctores Brent Woodfill y Yuko Shiratori, de las universidades de Winthrop y Rissho, respectivamente.
La historia de Sak-Bahlán está intricadamente ligada a la resistencia de los lacandones-ch’olti’es, los últimos mayas rebeldes de Chiapas. Según el investigador, este sitio mantuvo su independencia durante 110 años después de que su capital, Lacam-Tún, fuera capturada por los españoles en 1586. A finales del siglo XVII, particularmente en 1695, el fray Pedro de la Concepción realizó el primer avistamiento documentado de este importante sitio, que poco después sería sometido y renombrado como Nuestra Señora de los Dolores.
La localización de Sak-Bahlán, ubicada en la Reserva de la Biosfera Montes Azules, fue un reto que no habría sido posible sin el enfoque predictivo de Lozada Toledo. Este investigador ha complementado su trabajo con crónicas históricas, como las narraciones del fraile De Rivas de 1698, que aportan datos cruciales sobre las rutas de comunicación de la época. A través de su análisis, Lozada Toledo pudo convertir antiguas distancias de viaje —como los cuatro días de recorrido desde el río Lacantún— en coordenadas geográficas precisas que acercan a los arqueólogos a la ubicación real de la ciudad.
Durante su exploración, el investigador consideró múltiples variables, incluyendo la topografía, vegetación y cuerpos de agua de la región, que fueron encontradas en capas georreferenciadas. Esta meticulosa investigación permitió identificar el rango aproximado donde Sak-Bahlán podría situarse. Junto a un equipo de arqueólogos mexicanos, Lozada Toledo llevó a cabo un arduo recorrido de campo que condujo finalmente al descubrimiento de evidencias arqueológicas que coinciden con sus proyecciones.
La cercanía de Sak-Bahlán a los ríos Jataté e Ixcán marca el inicio de un estudio que promete entrelazar las crónicas virreinales con hallazgos históricos tangibles. Hasta ahora, el proyecto ha llevado a cabo dos temporadas de campo con el propósito de mapear la zona y desarrollar pozos de sondeo que permitan comprender mejor su ocupación a lo largo del tiempo. Este esfuerzo ha sido reconocido por el Consejo de Arqueología del INAH, inscribiendo el sitio en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos bajo la designación “Sol y paraíso. Probablemente Sak-Bahlán”.
Los hallazgos en esta “tierra del jaguar blanco” ofrecen así una ventana fascinante al pasado, revelando la rica historia de un pueblo que luchó por mantener su identidad en un contexto de colonización y cambio. La relevancia de este trabajo resuena no solo en el ámbito académico, sino también en la apreciación cultural contemporánea de las raíces mayas.
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