En una tarde memorable en la Plaza de Las Ventas, el 6 de junio de 2026, el torero valenciano Román Collado Gouinguenet cumplió su sueño de salir por la Puerta Grande, un logro anhelado por todos los toreros que participan en la emblemática Feria de San Isidro. Con 33 años y tras lidiar solo 14 festejos el año anterior, Román se encontraba en la media tabla del escalafón taurino, forzado a enfrentarse con la bravura de los toros más exigentes. Esta vez, se enfrentó a un imponente toro de la ganadería Victorino Martín, apodado Gallarete, que, con un peso de 542 kilos, mostró una voluntad de combate desbordante.
La faena, aunque imperfecta, fue testimonio del coraje y la entrega de Román. La bravura del toro presentó un reto que el torero enfrentó con impresionante estoicismo, lidiando con la velocidad y fuerza del animal. A pesar de algunos muletazos que no alcanzaron la perfección, Román mostró destellos de maestría con la muleta, especialmente en dos tandas con la derecha que evocaron la emoción del público. La estocada final fue notable, pues el toro se dirigió a los medios de la plaza para morir, añadiendo un dramatismo apreciado por los espectadores.
El resto del festejo transcurrió con menos interés. Morenito de Aranda, aunque lo intentó, no logró conectar con su primer toro, que le ofreció poco más que un par de buenos detalles. Por otro lado, Fernando Adrián recibió pitos tras una actuación por debajo de las expectativas, mostrando carencias técnicas en una faena que no alcanzó el nivel deseado.
La corrida, que reunió a 22,964 espectadores ante un lleno absoluto, se caracterizó por la disparidad en el comportamiento de los toros. Los de Victorino Martín, bien presentados, ofrecieron tanto nobleza como exigencia. A excepción del tercer toro, que fue firmado con una gran ovación, el resto mostró fluctuaciones en su bravura y rendimiento.
En resumen, el gran vencedor de la jornada fue Román, quien, con una sonrisa inconfundible, celebró su triunfo a hombros por la Puerta Grande, un reconocimiento merecido a su valentía y dedicación en el arte del toreo. Este acontecimiento resalta no solo la destreza de un torero destacado, sino también la continua relevancia de la tauromaquia en la cultura española.
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