Todo empezó la noche del 4 de mayo, la de las elecciones madrileñas. Pedro Sánchez y el núcleo duro de dirigentes del Gobierno y del PSOE que lo acompañan lo tuvieron claro. Había fallado todo. La campaña, el candidato, el partido en Madrid, la marca, el presidente, que se implicó a fondo en la primera fase, y los datos. No solo el CIS. También los internos.
Incluso pocas horas antes del resultado, la información que les trasladaban a Sánchez y a la cúpula del PSOE es que había un empate técnico, que estaban muy cerca. No era cierto. Fue una derrota aplastante. El PSOE se vio superado por Más Madrid, una debacle. Esa noche, según los que le conocen, Sánchez se dio cuenta de que el desgaste de la pandemia era muy superior al esperado. Madrid no es toda España, y suele votar diferente, pero el aviso era importante. Ahí empezó a fraguarse el mayor cambio de Gobierno de la historia reciente.

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Ahora, después del impacto de los primeros días y los análisis de quién sube y quién baja, o las salidas más o menos traumáticas de personas clave en el círculo más estrecho de poder del presidente, en el Gobierno y el PSOE baja la marea y se instala una idea de fondo de este profundo cambio: esto va en serio. Sánchez ha lanzado el mensaje a todo el PSOE de que la posibilidad de que el PP y Vox sumen una mayoría, que dan algunas encuestas, es real, y para impedirlo necesita al partido entero detrás.
“Sánchez ha entendido que, al contrario de lo que pensaba Iván Redondo e intentó en una primera fase en Madrid, las elecciones no se ganan buscando el voto de Ciudadanos o jugando en el centro, sino movilizando a la izquierda y sobre todo al PSOE, que es la mejor maquinaria electoral posible”, dice un dirigente.
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Las encuestas que manejó Sánchez en las últimas semanas no eran buenas. Nadie le da mucho valor a los sondeos ahora, a dos años y medio de las elecciones, pero sirven como aviso y para tomar decisiones. Y eso es lo que ha hecho el presidente, según analizan en su entorno. Tratar de romper la dinámica del Gobierno anterior, muy desgastado por la pandemia y múltiples batallas, y hacer un cambio radical para retomar el control de la agenda política y empezar ya la larga campaña electoral para las elecciones de finales de 2023 o incluso inicio de 2024, el máximo legal.



