¿Extenderá el Kremlin su presencia militar en Ucrania en nombre de irrenunciables intereses rusos?
La guerra es una realidad en Ucrania desde 2014, cuando Rusia se anexionó la península de Crimea y apoyó a los separatistas de las regiones de Lugansk y Donetsk. Lo que hoy está en juego es una etapa más peligrosa, donde se produciría el choque frontal entre Moscú y la capacidad de Kiev para defender al Estado surgido hace 30 años.
El futuro dependerá de cómo se combinen las líneas rojas que los dirigentes de Rusia, Ucrania, EE UU y Europa se marcan a sí mismos y tratan de imponer a los demás. Por su experiencia vital y su formación como oficial del Servicio de Seguridad del Estado (KGB) de la URSS, Putin parece el más habituado a correr riesgos.
Las posibilidades de reintegrar pacíficamente el este de Ucrania al control de Kiev se han complicado, en parte por la torpeza de los dirigentes ucranios, que en 2017 aislaron los territorios separatistas y prácticamente lanzaron a los residentes de esas regiones a los brazos de Rusia.
Más información
Ante los riesgos, Occidente debe decidir si considera a Ucrania como uno de sus miembros (con independencia de que esté en la OTAN) o la ve solo como un espacio de contención frente a una Rusia resentida y militarista. Los líderes de Ucrania (con su buena o mala gestión del Estado) influyen en sus colegas occidentales, que pueden elegir entre implicarse a fondo, limitarse a gestos retóricos o mirar hacia otra parte y dejarse tentar por los negocios con Rusia. La pequeña guerra del Donbás y la anexión de Crimea tienen además un valor especial para grandes observadores como China y Turquía, que contemplan la política de Moscú a través del prisma de sus propios intereses.
Puedes seguir a Columna Digital en Facebook y Twitter, o visitar nuestra pagina oficial.
La nota precedente contiene información del siguiente origen y de nuestra área de redacción.


