La extracción de hidrocarburos no convencionales, particularmente en formaciones de shale, se perfila como una realidad potencial en México antes de 2030. Según Walter Ángel Jiménez, secretario de Desarrollo Energético de Tamaulipas, el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la creación de un grupo de expertos para analizar esta posibilidad marca un hito importante. La meta es explorar formas de explotación que minimicen el impacto ambiental y social, una estrategia crucial ante la creciente dependencia del gas importado desde Estados Unidos.
Jiménez enfatiza que la implementación de proyectos regionales puede resultar eficaz, dado que las Cuencas con potencial han sido identificadas. Resalta la importancia de una estrategia adaptada a cada localidad, puesto que las políticas nacionales podrían generar retrasos significativos y provocar reacciones adversas en comunidades organizadas que se opongan a la explotación de recursos.
Desde su perspectiva, el panorama de los recursos no convencionales ha evolucionado considerablemente en los últimos veinticinco años, gracias a avances tecnológicos y metodológicos. Por ejemplo, hoy existen líneas de referencia que permiten realizar estudios más precisos, particularmente en relación con la sismicidad, lo que facilita desmarcar la actividad de fractura hidráulica de los movimientos telúricos observados en diversas regiones.
Asimismo, se han optimizado los métodos de uso del agua y se están explorando alternativas más sostenibles. La estimulación de yacimientos utilizando CO2, en lugar de agua, es una técnica cada vez más común y el Instituto Mexicano del Petróleo está experimentando con otras metodologías para reducir la huella hídrica de estas actividades.
Bajo este contexto, Tamaulipas se erige como un centro estratégico, al albergar dos de las principales Cuencas con recursos prospectivos: Tampico Misantla y Burgos. La formación Agua Nueva, ubicada en Tampico Misantla, se extiende hasta profundidades de 5,000 metros, mientras que la formación Pimienta alcanza los 8,000 metros. Juntas, estas formaciones representan el 61% de los recursos prospectivos no convencionales de México, equivalentes a 38,900 millones de barriles de petróleo crudo.
La Cuenca de Burgos, por su parte, incluye también estas formaciones, alcanzando profundidades similares y conteniendo el 17% de los recursos prospectivos, alrededor de 10,800 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. En total, México cuenta con aproximadamente 64,300 millones de barriles en hidrocarburos no convencionales y 48,600 millones en hidrocarburos convencionales.
El entusiasmo de la presidenta Sheinbaum hacia el fracking se encuentra enmarcado por la necesidad de diversificar las fuentes de energía y reducir la dependencia de importaciones, enfatizando que cualquier actividad futura se realizará bajo estrictos estándares ambientales y de responsabilidad social.
A medida que el país avanza en este ámbito, se abre un debate no solo sobre la viabilidad económica y la seguridad energética, sino también sobre la responsabilidad ambiental y el respeto al tejido social de las comunidades involucradas. La espera de un desarrollo cuidadoso y científicamente respaldado se convierte, por lo tanto, en una premisa fundamental para el futuro del sector energético en México.
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