Por tercera vez, la Supercopa de España (que comenzará el 11 de enero y terminará el 15) se desarrollará en Arabia Saudita como parte de un contrato con la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para seis ediciones, se vio desde el principio bajo un cuestionamiento similar por parte de estas mismas organizaciones. El organismo presidido por Luis Rubiales ha esgrimido que la presencia del torneo ha contribuido a algunos avances en este campo: en la edición de 2020 las mujeres se mezclaron por primera vez con los hombres en la grada (aunque solo en esos tres partidos) y en 2021 se estrenó la liga femenina en el país con asesoramiento de la RFEF. Amnistía Internacional ha insistido en que la Supercopa se aproveche más para impulsar iniciativas sociales, y el año pasado pidió sin éxito que los equipos lucieran brazaletes violeta por los derechos de las mujeres y los homosexuales. No exigen el boicot de estos acontecimientos, sino que creen que pueden servir para mostrar los problemas y empujar transformaciones.
Las dudas sobre la Supercopa de Arabia han afectado también al procedimiento para su traslado, en el que participó el exfutbolista Gerard Piqué cuando aún se encontraba en activo. Esta edición, por la que su empresa, Kosmos, también se embolsará cuatro millones de euros como cada año, será la primera en la que él no juegue. También es la primera que se disputará bajo la lupa de la Fiscalía Anticorrupción. Desde mayo mantiene abierta una investigación sobre las negociaciones entre Rubiales y Piqué para llevar el torneo a Arabia, después de que El Confidencial publicara varios audios que se habían cruzado, en los que trataban un negocio que en cada edición reporta 40 millones a la RFEF y cuatro a Piqué.
En cualquier caso, la Supercopa reúne desde este miércoles a tres de los cuatro primeros clasificados de la Liga. Un Barcelona que se puso líder en solitario después de derrotar al Atlético en el Metropolitano pese a perder el control del partido. Un Real Madrid que perdió el paso con un Villarreal que explotó sus problemas defensivos, y que ha perdido en las últimas horas por lesión a Alaba y Tchouameni. Un Betis que llega lanzado con el buen momento de Luiz Henrique y una segunda unidad que disimula bien el tono más bajo de Canales, Fekir y Borja Iglesias. Y un Valencia en el que Gattuso no logra frenar la cuesta abajo, con lesionados y sin fichajes.
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